¿El tiempo del dólar o el tiempo del arte?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El espacio ha sido conquistado en gran medida pero el tiempo pertenece a la cuarta dimensión y se nos escapa de las manos, especialmente ahora en que todo se acelera sin remedio y el tiempo psicológico es dos tercios del que era hace solamente veinte años. Los deportistas luchan contra el tiempo, los aviones han de ir más rápido, los ordenadores necesitan funcionar en tiempos de vértigo, los universitarios han de acabar más jóvenes, las finanzas han de moverse en un instante y las naves espaciales han de multiplicar su velocidad año tras año. Se hacen tres cosechas al año utilizando sustancias químicas y aún a riesgo de agotar la tierra, porque hay que aumentar los beneficios. Vamos venciendo los límites que el tiempo nos ha impuesto durante milenios, pero la naturaleza no ha variado mucho su ciclo (quizás lo ha vuelto bastante más caótico) y los ancianos no son capaces de romper los límites de sus creencias temporales.

Actualizarse es esencial o te tiran a la cuneta, si pierdes el ritmo de la canción del tiempo estás anticuado u obsoleto y ya no funcionas bien. Hasta las naciones deben modernizarse a la velocidad de una estrella fugaz o son aplastadas por las que vienen empujando desde atrás. Y sin embargo el tiempo siempre nos alcanza, no conseguimos encontrar su origen que está en el interior de la mente humana. Construir lleva mucho tiempo y destruir un instante. Ser sabio dura toda una vida y fluir en el amor incondicional a veces no sucede, para los que lo persiguen, ni siquiera cuando celebran su propio centenario. El tiempo interno no va a la velocidad de los cronómetros de entrenamiento, para afrontar los miedos, las pesadillas, liberar los bloqueos y los traumas de infancia.. Corremos para evitar nuestra sombra que nos persigue y no nos damos cuenta que, para abrazarla, hay que detenerse serenamente en un lugar oscuro y mirar para dentro. Este es el tiempo para parar y mirar al interior. ¿El premio? La paz del corazón y la unidad con todo, que llamamos simplemente felicidad.

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4 Responses

  1. marcelo

    Me lleva la inercia parece, , ni ser sabio ni el amor incondicional, a esta altura ya con ser tolerante me alcanzaria.
    Amen.
    Saludos y suerte en mejico.

  2. Hola Miyo.

    La felicidad no se encuentra “fuera”, sino que , como bien dices , está latente dentro de cada uno de nosotros/as.
    NO ES MÁS FELIZ EL QUE MÁS TIENE SINO , EL QUE MENOS NECESITA .

    Saludos .

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