No hay búsqueda interna sin ego

Cada día estamos más acelerados, destilando estrés y recogiendo experiencias poderosas, fruto de la elevación de nuestro nivel de frecuencia vibratoria. Las crisis están a la orden del día, las enfermedades se multiplican, los dolores peregrinos nos asaltan, las pérdidas de memoria a corto plazo, las emociones descontroladas (especialmente la angustia, ansiedad, frustración, el miedo, la cólera) y el pensamiento confuso y disparado a mil por hora. Cada día la presencia yosoy, la chispa divina, eleva su nivel de conciencia y energía en nuestros cuerpos hasta el nivel máximo que podemos tolerar. Y la vibración sigue elevándose in crescendo, hasta romper todos los moldes conocidos. Pero ciertamente esto no sucede para aumentar el sufrimiento de nadie, sino porque cualquier sutilización de nuestro cuerpo saca a la luz todo lo que está bien oculto tras el velo del pasado. Así al emerger los samskaras o residuos pendientes, al liberarse todas las resistencias encapsuladas en músculos, órganos y articulaciones, surge el dolor, la angustia y el temor que han acompañado durante milenios al devenir de lo humano.

Estoy cansado ya de seguir escuchando o leyendo, en los mensajes que se me envían diariamente, exabruptos contra el ego, como si fuera el causante de los diez mil males. No hay bien sin mal, ni mal sin bien, así que veamos la otra cara de semejante espectáculo. Todo lo que hemos conseguido en este mundo cimentado por el miedo y la agresividad, se lo debemos al ego, que nos ha apoyado e impulsado en todos los momentos expansivos de nuestras vida y en los pocos o muchos éxitos que hemos vivido. Es hora de que le agradezcamos su presencia, de que le apreciemos por lo que es, en vez de seguir rechazando sus méritos. Hasta ahora hemos aprendido a través de las crisis y el ego es el maestro, él está a cargo de tu vida, hasta que conectas directamente con el espíritu.

No nació para ser el jefe, sino para lograr que los planes se hicieran realidad, pero tú le diste el mando. Su papel ha sido dejar a un lado el miedo y empujarte hacia adelante. Pero ahora sabe que lo rechazas, le dices que no sirve para nada, que es negativo y destruye tu vida. Cada vez que lo juzgas como malo, que hay que encerrarlo bajo seis candados, o que hay que disolverlo para siempre, el ego se pone violento, te lleva a sentir miedo y te pone al borde del precipicio. Eso es lo que estás haciendo a una parte sagrada de ti mismo, una parte que es esencial para seguir aquí dignamente, y que en el pasado te ayudó a navegar en medio de las aguas del temor, empujándote cuando no querías seguir, cuando todos te decían que ibas directo al fracaso.

¿Qué puedes hacer? Tienes que enseñar al ego a jugar en la nueva energía, a ponerse al servicio del amor y del compartir. Tienes que amarlo hasta que se sienta querido y pueda caminar por un mundo distinto de ese que conoce basado en el miedo. Sin compasión ni entendimiento nada es posible. Tienes que sentirlo como otro ser dentro de ti, al que agradeces su entrega durante toda tu vida, hasta que comprenda que valoras mucho todas las experiencias pasadas a su lado.

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