23 de Octubre: La fábrica de hacer infiernos está en la tierra


Te ha castigado dios
es una frase deleznable y un concepto espantoso. Dios nunca castiga, ni siquiera sabe qué tipo de estupidez es esa. Hay accidentes, imprudencias, errores y pagamos por ellos, pero dios como una madre amante sólo consuela, socorre y nos abraza cuando pagamos las consecuencias. Esa frase del castigo divino es anticrística, es fruto de los residuos inconscientes que los dioses paganos dejaron en nuestra mente. Al ser libres para actuar, hemos de asumir las secuelas de nuestras decisiones. Dios, como el sol o el amor, siempre irradia, tanto de día como de noche, aunque en cualquier momento podemos escondernos en una caverna para evitar verlo. La luz sólo puede dar luz y el amor sólo puede expandir amor.

La libertad de la conciencia puede negarse al bien y eso crea el pecado y el infierno, pero dios no tiene nada que ver con ello. La creación tiene como objetivo el que seamos felices practicando la unidad, el respeto del otro y el amor. Y a todo esto le llamamos hacer el bien. De tal manera que si nos alejamos de estas premisas engendramos el sufrimiento, pero dios nunca castiga. Cuanto más te alejas del centro de tu ser, más problemas se manifiestan en tu vida cotidiana, más desarmonía y más dolor. El reino de los cielos está dentro, pero todavía la mayoría de las personas busca pequeños placeres fuera y se hunde en el vacío existencial. Un poco de buena comida, un poco de sexo, un poco de comodidad, un poco de tecnología, un poco de vicio, un poco de fama, un poco de poder… y eso es todo.

Entonces la vida te reclama su atención a través de una crisis o una catástrofe: un accidente, una muerte cercana, una enfermedad grave, la ruina de un negocio, etc. La existencia te sitúa ante el espejo humeante del pasado e intenta equilibrar las cosas desde dentro. Hoy hemos de temer más las malas decisiones, que tomamos libremente, que el infierno místico. No hemos aprendido desde la infancia a decidir desde la profundidad del ser, desde la conciencia profunda, sólo se nos han mostrado límites y castigos. Nuestra propia sombra y la oscuridad reinante nos hacen perder la perspectiva y a menudo actuamos desde el interés propio o el egoísmo, en vez de actuar desde la alegría y el amor global.

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