10 de Octubre: Hijos de la tierra y nietos de las estrellas


Todos nosotros, guerreros del espíritu, estamos marcados por la luz crística del corazón que se manifiesta en el resplandor de la frente (la marca del cordero). Todos venimos de las estrellas, aunque algunos han pasado cientos de vidas sobre la tierra sin compartir otros soles lejanos, mientras que otros descendemos directamente de las profundidades del cosmos, y sólo hemos experimentado un pequeño número de encarnaciones terrestres, que no supera la docena. Bajamos un par de millones de almas en los años cuarenta y cincuenta, después del estallido de la primera bomba nuclear, y más tarde hubo otras oleadas mucho más pobladas a mitad de los setenta y de los ochenta. Los que han llegado como niños índigo, cristal y estrella después del año 87 (no programarlos sino protegerlos energéticamente, evitando las vacunas y las medicinas) vienen despiertos y con sus sentidos multidimensionales activados y pronto dirigirán a la humanidad consciente.

Los hijos de gaia han estado miles de años en el planeta, y los hijos de las estrellas acabamos de llegar después de muchas experiencias en las naves estelares y en lejanos soles del universo. De aquí que seamos tan distintos y haya momentos en que la comprensión entre ambos grupos resulta casi imposible. Nos cuesta seguir la línea emocional de tanta locura terráquea; no entendemos los deportes de masa; no somos obedientes ni devotos de dioses sedientos de sangre; no nos preocupamos por acumular riqueza sino por hacerla fluir; no nos complicamos en el amor y dejamos en libertad a nuestras parejas; no sabemos cómo densificarnos a través de emociones negativas como la envidia, el rencor o los celos; defendemos la tierra de tanto predador paranoico que cree que la posee con un papelillo; amamos el mundo animal y dejamos cuanto antes de alimentarnos de los mamíferos de sangre caliente; evitamos las novelas de emociones tipo gran hermano y somos adeptos al canal de scifi; nos liberamos rápido de la familia porque a través de los eones han sido muchos nuestros padres y nos sentimos eternos; sabemos meditar en la vida diaria y sólo podemos unirnos a parejas estelares que fluyen en las elevadas frecuencias de los cuerpos luminosos tocados por el amor…

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