22 de Septiembre: El retorno al alma única


La comunión de los fieles es en realidad una comunión de almas, un encuentro de los racimos de estrellas que encarnan en cada periodo sobre la madre tierra. Cada uno una conciencia y un alma libre, un cuerpo de luz incandescente que resplandece en las esferas del vacío y en la atmósfera del no tiempo. Somos plenos y completos por dentro, masculinos y femeninos al mismo tiempo, pero siempre capaces de fusión con cada alma de los siete multi universos. Hemos vivido épocas en que el alma única parecía dispersa en minúsculas partículas en lucha continua, pero ahora sentimos la vuelta a la unidad. Aquí y ahora no necesitamos nada más para cumplir nuestro viaje, ya que la vida nos otorga las oportunidades que necesitamos en cada momento.

Para eso están los signos y las sincronicidades, para eso la suerte y los encuentros causales. Lo que buscamos está más allá del bien y del mal, del sol y las tinieblas, del éxito o del fracaso. Las experiencias que adjetivamos como negativas son pasos necesarios, aunque todavía no entendemos su papel en nuestra vida, pero que pronto se revelarán como iluminadoras. Somos los encargados de un gran plan que se está encarnando en la tierra, y todo depende de nosotros, del amor que seamos capaces de desplegar en nuestra relación con el mundo y las gentes. Un amor incomprensible e incondicional que está más allá de los gustos y disgustos, más allá incluso del alma, que se manifiesta como el perfume embriagante del espíritu uno.

Muchos aspectos de nosotros mismos se pierden en la humareda del sueño, pero en cada uno de los planos tenemos un representante que soy yo, en cada dimensión habita una parte de mí que dejé veraneando cuando decidí descender a los planos materiales. Y ahora es el tiempo para reunir todos los trozos perdidos y asumir nuestra presencia divina completa, libre y consciente.

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