9 de Septiembre: Cada despedida es un nuevo comienzo


Toco intermitentemente el potente caracol para avisar de que la hora del descenso ha llegado, pero estamos en una extensión tan grande que estoy seguro que habrá que tocar de nuevo cuando estemos en el camino. Ha sido maravilloso pasar la mañana oliendo el bosque profundo, con una sensación de vacío y fusión total. La bajada, durilla como siempre. El canto final de despedida es tan largo y tan fuerte que me deja la boca totalmente seca e inutilizada. No puedo hablar y la lengua parece estar llena de arena. Aquí no hay caramelillos para ayudar. Abajo, esperamos tres cuartos de hora, hasta que llegan algunos más. Despedimos cantando, agradecemos a los poderes de los vientos y recogemos chamánicamente el alma del lugar, antes de cerrar y dar luz verde para beber un poco de agua y tomar un trozo de sandia.

Tres veces realizamos el mismo ritual para los que van llegando porque siempre hay quien está en un lugar desde el que no se escucha el caracol. La gente de Torrenanita ha llegado en coches para recogernos y ayudarnos. ¡Misión cumplida! Estamos todos y comenzamos la vuelta a casa con unas dos horas de viaje por delante. Tomamos un mosto con limón por el camino y ya en la finca un caldo riquísimo del que repetimos con abundancia. Luego ducha, alabancitas en el oratorio, reunión en el tipi para cerrar el trabajo con la hoguera y un poderoso temazcalli al anochecer, en el que cada uno va entregando sus vivencias y visiones del trabajo realizado. Con la debilidad propia del momento se hacen un poco fuertes algunas de las cuatro entradas. Gracias a la cascada de agua helada de las acequias que nos revitaliza sin remedio.

A la mañana una meditación intensa, desayuno y larga reunión en la sombra cercana a los tipis, al lado de los bambúes. Hay quién ha entrado en el túnel árabe del manantial. Conversación sobre las visiones, los futuros, el triple anillo. Explico por qué no he aceptado que se hiciera propaganda de la experiencia, a pesar de mi primera convocatoria hace largos meses. Especialmente debido a que se me pide que posponga un poco el trabajo hasta que sucedan varias cosas en la vida social (relacionadas con EEUU, la crisis financiera, alguna declaración planetaria, ciertos sucesos un poco catastróficos, etc). De tal manera que esta búsqueda de la visión se ha convertido en una experiencia personal de tan sólo unas veinticinco personas, pero así está bien, porque no podíamos contar con la ayuda imprescindible de las visiones llegadas desde lo alto a través de la presencia yo soy.

Cuando vamos a comer se lanza un desafío al viento y acabamos haciendo tres dancitas en grupo, alrededor de la sequoia de la danza, sudando sin parar, pero contentos de acabar dignamente la experiencia. Luego comida y despedida, viaje de vuelta y ¡a casa!

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