18 de Julio: La careta personal y el sonido del viento

¿Qué no me habrán llamado? Y no hablo de los que me consideran un mensajero del mal o que no están de acuerdo con mi manera de hacer las cosas, ni de los que ante su propia sombra arremeten contra quien se la puesto delante, ni siquiera de los y las que un día me subieron a los altares para luego defenestrarme desde mayor altura, como debe ser. No. Hablo de los que apoyan mi trabajo, lo practican e incluso un día no muy lejano emprenden su propio camino y siguen mis enseñanzas de tener por única guía su propio corazón.

Maestro y consejero espiritual, sanador psíquico, guía tradicional, heredero de linajes ancestrales, místico, chamán, señor de los bosques, maestro del vuelo del alma o de la meditación, descolocador de sistemas de dependencia, navegante de aguas solitarias al penetrar en la oscuridad, pionero de mil cosas y fundador de cien, etc. Entre todas ellas las que más me gustan son amante tántrico y aventurero de otras dimensiones. Pero ¡qué absurdo querer encerrar al ser en palabrejas que tan sólo limitan nuestro propio poder! Lo que nos hace excepcionales (a Nanita, a Llum de la selva, a tantos buenos submarinistas del espíritu e incluso a mí mismo) es que somos totalmente ordinarios, y sin embargo intentamos vivir la vida con la mayor impecabilidad e integridad posible, tanto al amar, al meditar y al hacer negocios, como al jugar, al hacer deporte o al atravesar senderos vírgenes de la conciencia. Eso no descarta nuestros errores y nuestros momentos de pasotismo e incluso de una considerable prepotencia, que tendremos que rectificar con los giros imprescindibles en nuestras acciones, las disculpas necesarias y las sonrisas precisas. Mi-yo, cuando hablas de mi te estás refiriendo a ti mismo, así que ¡aplícate el cuento!

Es hora de dejar de luchar, de abandonar este método anticuado y cerril para afrontar las nuevas situaciones planetarias. Sin resistencia no hay lucha y sin miedo no hay resistencia. Nuestra sociedad tiene que cambiar desde sus cimientos pero la lucha entre personas, grupos sociales, o ideologías no es el camino. Es hora de despertar y romper con las viejas maneras, siempre amañadas desde detrás del velo, porque llega lo insospechado que cambiará todas las formas tradicionales de vida que hemos conocido. Desde las relaciones amorosas hasta las laborales, desde las creencias hasta los principios religiosos, desde el sentido de la vida hasta el paso ilusorio por la muerte. Nuestra vida va a cambiar radicalmente y esto producirá alegría a unos y angustia a otros. La fuerza y el enfrentamiento se han quedado atrás, ahora es el tiempo de transmutar la oscuridad y descubrir el amor incondicional.

La iluminación de la humanidad en el este, la transformación del amor en el poniente, la sabiduría de la Tierra y los antepasados en el norte y el intento que limpie la sombra personal en el sur. En el cielo y la tierra la unión con todos los pueblos de la naturaleza (el pueblo alado, el pueblo erguido, el pueblo que se arrastra, el pueblo del mar…). Por último el corazón humano que es el centro galáctico del universo donde nacen y mueren los mundos.

La naturaleza no es tranquila en sí misma porque si tu corazón está agitado se convierte en un estadio deportivo en hora punta. Sin embargo si tu corazón está en calma, puedes pasear en medio de las sequoias milenarias al atravesar un paso cebra.

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