16 de Julio: Tres comensales en un festín

 

Hay algunos conceptos en náhuatl que son esenciales para la comprensión de la espiritualidad azteca. Como por ejemplo la dualidad creadora llamada Ometeotl: el “Dador de la vida”, “De él todo lo que está en la Tierra”. En algunos lugares se le invoca también como Tonacatecuhtli-Tonacacihuatl, el señor-señora de nuestra carne y sustento (maíz) y Teyocoyani, el “inventor del hombre”. Otros atributos de Ometeotl se encuentran en sus nombres alternativos: Ipalnemohuani, “Eso por quien vivimos” o “por él tenemos la vida”; Tloque Nahuaque, “El cerca y el junto, el que está en todas partes al mismo tiempo”; Yohualli Ehecatl que es uno de los nombres del dios Quetzalcoatl: “Eso que es invisible como el viento e impalpable como la noche”, es decir que los nahuas rogaban a dios como el espíritu o el aliento invisible. Este último estaba representado por dos figuras: mictlán (la noche) y ehekatl (el viento), lo impalpable y lo invisible, lo intocable y lo omnipresente. Ambas llenas de ojos que son signo de la omnisciencia que todo lo percibe.

El verdadero sentir se manifiesta por el contacto visionario con los elementos de la creación. Y sus secretos están codificados en el adn, en el inconsciente del ser de luz que somos, y que a través de él contactaremos con su sabiduría arcaica. Hemos de cantar a los elementos y crear la realidad de su presencia con nuestro canto. La oración es canto, la invocación es canto, el agradecimiento es canto, el amor es canto. Por tanto la sanación y la transmutación llegan a través del canto y las fuerzas mágicas del alma son vehiculadas con nuestro aliento. Así la energía del canto transforma a los que nos rodean. Así podemos compartir la visión y los sueños, a través del canto de los elementos que han de cambiar para que la visión se realice sobre la tierra y en los corazones humanos.

El espíritu, dios, no se aleja de nosotros ni se acerca eligiéndonos para misiones extraordinarias. Seguir con estas creencias obstaculiza la evolución del ser. Así nace el sentimiento de culpabilidad, la sensación de haber actuado al margen de los mandamientos, la culpabilidad del pecador. Creéis que dios os castiga y que después de un tiempo os perdona y eso es una chiquillada. Dios no vendrá a cuidaros, ni bajará de su inexistente trono para elegiros, podéis esperar siglos así y perder la paciencia. Nosotros con nuestros errores causamos resultados desarmoniosos y lo que nos toca es reparar cuanto antes nuestros errores. Así volveréis de nuevo a la armonía con el todo, y el perdón se habrá realizado. Dios nunca castiga y dios nunca perdona. Nos salimos del equilibrio y volvemos a él. Eso es todo. Dejar las estupideces religiosas para los que están hambrientos de entregar su poder a otros. Simplemente si bajamos la vibración hasta el ego y la importancia personal, tenemos que subirla de nuevo para alcanzar la divinidad que está dentro de nuestro corazón.

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