6 de Julio: Cambiando el abrigo por el traje de baño


Durante la meditación de grupo, todo el cuerpo resplandece inundado de luz dorada, que titila alternativamente hacia la luz platinada de la diosa. El brillo irradia mientras de cada articulación y cada órgano se liberan viejas creencias de dolor y sufrimiento instauradas desde hace generaciones por los vínculos genéticos de sangre e incluso heredadas de vidas anteriores. El cuerpo debe manifestarse como una entidad plena de salud y de energía, flexible y fuerte. Como un instrumento perfecto para la manifestación de la conciencia y un verdadero templo de luz, que es atención consciente. Hay que hablar con él y liberarlo de todo lo viejo: hábitos, creencias, limitaciones… De esta manera el espíritu podrá fundirse con cada célula y formar una unidad, en la que se enlacen amorosamente las energías masculinas y femeninas, shiva y shakti haciendo el amor en el altar central.

Más tarde llega el momento del baile íntimo con la sombra. A veces es la sombra brillante que se relaciona con nuestros deseos aún no realizados, y otras veces es la sombra opaca que incluye todo lo que rechazamos dentro de nosotros, resistiéndonos a otorgar existencia real a nuestros conflictos. Y las diferentes parejas reflejan uno y otro de estos aspectos. Lo importante es que mientras no aprendemos a ver en la oscuridad, todas nuestras parejas de baile, aspectos de nuestra sombra, intentan robar nuestra energía, alejarnos de la visión de nosotros mismos y de la realización del ser. Es como si la relación normal fuera una conexión vampírica. Estas personas que pasan por nuestro lado y a las que quedamos enlazados a través de la sombra no se reflejan en el espejo de obsidiana, no se sienten responsables de nada de lo que hacen, de cómo manejan a las personas, de la falsedad de lo que dicen o prometen… Para que la sombra pueda ser afrontada e integrada como parte de uno mismo, en vez de convertirla en el adversario maligno o en el ídolo dorado, ha de tener sustancia para ser reconocida. Es el baile de las apariencias, en que las diferentes caretas del carnaval no son mejores ni peores que las de aquellos otros que caminan disfrazados pasando cerca de nosotros. Peter Pan no tiene sombra propia o bien su sombra es autónoma y no se corresponde con los gestos de su cuerpo. Ha renunciado a ser al sentirse abandonado de niño para sentirse protegido del dolor de la soledad y de la tristeza por la pérdida de su madre. Pero cuando por sí mismo decide entrar en el mundo real, abandonando su papel de entidad elemental arquetípica, para encontrar a Wendy, e incluso cuando por fin se gana un inocente beso de su amiga, en ese momento recupera su sustancia y por tanto su sombra.

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1 Response

  1. Lucia M.

    QUÉ BONITA DULZURA
    ¡TANTRA EN UN CUENTO DE NIÑOS!
    BESOS QUE OTORGAN Y EXPANDEN CONCIENCIA…
    BENDITOS BESOS…Y BENDECIDAS BOCAS…

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