16 de Junio: Los elfos del bosque


Hoy todo esto parece propio de las viejas leyendas, pero hubo un tiempo en el que los mundos intermedios habitados por diversos seres y criaturas del bosque compartían su vida y su sabiduría con los humanos. Se trata de los elfos y las hadas, los gnomos y duendes, las ninfas y los trolls. Ellos desde tiempos inmemoriales cantaban y sanaban la tierra, enseñaban a las distintas criaturas el camino de la armonía con el creador de la vida y sanaban animales heridos. Ayudaban a resolver conflictos entre especies, discutían sobre la sabiduría de la naturaleza, castigaban a los que se saltaban las leyes naturales a su gusto. Jugaban y danzaban llenando de alegría, con su polvo de estrellas, los bosques y los lagos, las montañas y las cuevas.

Cuando llegaron los primeros humanos compartieron con ellos sus poderes y conocimientos, les ayudaron con los cultivos, les avisaron del peligro de ciertas zonas, les enseñaron los ciclos de la luna para plantar y cosechar, la necesidad del barbecho y un largo etcétera. Pero la agricultura fue haciéndose más intensiva, los venenos químicos comenzaron a aparecer para mejorar la productividad, y especialmente la religión católica y los miedos de las gentes conservadoras (hubo criaturas traviesas que asustaban al personal), los convirtieron en criaturas infernales. Los bosques se fueron esquilmando y por fin llegó la ruptura de ambos mundos.

Ellos no se fueron a ninguna parte, pero nosotros sí. Como dicen los indígenas americanos, hay mundos sutiles muy cerca de éste donde aún galopan millones de bisontes, donde los bosques están habitados por los grandes devas de los árboles centenarios y donde los seres mágicos siguen presentes. Estos seres no han muerto y es tan relativamente fácil conectar con ellos en los mundos del ensueño, como hablar con uno de nuestros antepasados ya fallecido. Sin ir más lejos nuestros ancestros celtas (los indígenas europeos) sabían de la necesidad del cambio y de la muerte, de la interrelación de toda vida, de los cánticos y oraciones que nos permitían mantener vivo el lazo sagrado entre cazador y víctima.

Hemos sacrificado nuestras conexiones con el mundo mágico (ese sexto o séptimo sentido) para devastar los bosques y los océanos, para destruir a las vacas locas, para perseguir a los lobos y osos hasta la extinción, para matar a golpes a las focas y los delfines, para cazar ballenas, para aprisionar a millones de pollos en una diminuta granja… Tan sólo en los trabajos chamánicos, en los retiros conscientes en la naturaleza, en los sueños y visiones de los niños, en las aventuras en solitario por las selvas o las altas montañas, cuando se toman sustancias lucidógenas, en las salidas del cuerpo, a través del amor sagrado o del silencio… es posible captar retazos de este viejo mundo. Porque estos seres, y no nosotros, son los verdaderos hijos del planeta.

Hoy muchas de estas familias que habitan los planos intermedios han enviado a sus hijos para nacer en cuerpo humano y restablecer el contacto entre los dos mundos. Se trata de muchos de esos raritos que conocemos, seres hipersensibles con ojos muy brillantes y dispuestos a jugar, a cantar, a danzar en cualquier circunstancia en que se manifieste el poder de la naturaleza. Son extraños inventores de máquinas alternativas, poetas, empresarios juveniles, viven en las reservas indias o cuidando los bosques, son los hippies de siempre, dirigiendo centros de reciclaje, comenzando revoluciones. Son los que se ponen de frente a los tanques, los que se rebelan contra la maldad del sionismo, los drogados, zumbados de todo tipo rompiendo los esquemas rutinarios de la cultura del dólar. Y muchos no lo pasan bien, acaban encerrados en las cárceles, en los psiquiátricos, intoxicados por las drogas, borrachos o deprimidos.

Es hora de recuperar el contacto y dar su lugar a estas gentes especiales, tan sensibles que enloquecen de angustia, de temor o de desesperación ante la aplastante insensibilidad de nuestro mundo moderno. Hay que ayudarles a volver a la naturaleza y reconectar con su poder unificador. Saben entregarse como nadie en el amor y la alegría, pero pecan de inocencia en sus planteamientos y casi siempre son aplastados por los bulldozers de turno. La madre Gaia Mah vuelve a reverdecer en nuestros corazones a través de su presencia en todos los ámbitos de la vida. Y aunque la fascinación que nos provocan atrae un sinfín de actitudes degeneradas, es hora de abrir un lugar en nuestra vida para ellos, de asumir que también los llevamos puestos dentro de nosotros y que somos uno con su naturaleza esencial.

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2 Responses

  1. ciranda

    y que tienen que tener presentes las elfas para cumplir con su propósito de alegría, sanación y verde que te quiero verde?? abrazos!

  2. Loly

    Hay raritos que están integrados en la sociedad pero que, ideológicamente, no forman parte del club del redil.Por el sólo hecho de ser librepensadores también son atacados.

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