12 de Junio: Amando al amante


El amor sagrado sólo es capaz de amar, y es ajeno a los juegos de control, de posesión, de conquista, o a la necesidad de demostrar ninguna cosa. Pero el amor incondicional, la adoración entre Shiva y Shakti, sigue perteneciendo a la ficción, porque todo en la vida nos repite constantemente que es imposible amar sin sentir antes o después el dolor de la pérdida. Únicamente cuando dos personas están equilibradas en sí mismas y avanzan por un sendero interno de claridad y de entrega, son capaces de evitar o resolver los conflictos y renuncian al sufrimiento de estar obsesionados con el otro. Así se alcanza un estado jubiloso de libertad y la sensación gozosa de ser parte del otro sin dejar de ser nosotros mismos.

Todo lo relacionado con la unión sexual o amorosa entre un hombre y una mujer es de naturaleza espiritual y mística, ya que revela la verdad sin paliativos en este instante, la realidad del ser, tal y como es. Y nuevas formas de pareja (dos hombres, dos mujeres…) avanzan también en esta dirección, porque las diferencias de género tienen poco que ver con el profundo sentimiento de unidad que disfrutan los amantes.

Cuando estamos atados al deseo y a la necesidad vivimos la parte oscura de la sexualidad, heredada de las enseñanzas de los padres, de la escuela y la iglesia. Pero cuando estamos con el corazón abierto, unidos al amor y a la creatividad, la sexualidad se convierte en un camino de evolución espiritual acelerada.

Todo comienza por el amor a uno mismo y por la limpieza de todos los miedos, obsesiones y excesos ligados a nuestra sexualidad juvenil, los mismos que constituyen la sombra del dragón en nuestra vida. Los aspectos débiles de nuestra personalidad dificultan muchas veces el respeto y la adoración hacia la otra parte de la pareja, que es el verdadero camino para unirse a ella en una plena sensación de libertad.

Las actitudes de control, la vergüenza, la lujuria desbordada, y la falta de presencia espiritual durante el acto amoroso, nos impiden experimentar una plenitud, que sólo es posible cuando la energía sexual fluye libre y amorosamente a través del cuerpo y del alma. La clave para que el amor se transforme en un camino de ascensión y maravilla, es compartir con tu pareja el ansia de evolucionar espiritualmente. Avanzando juntos siempre que entre los dos fluya una intensa relación amorosa, un fuerte entusiasmo o pasión, y una profunda sintonía física y energética. Y que nunca falte el brillo de los ojos en la entrega y el abrazo incondicional.

Por eso en este tipo de relación ninguno puede estar pensando en otra persona o persiguiendo objetivos personales, sino que la apertura a la pareja ha de ser total. El placer en este contexto se revela como una puerta hacia la revelación espiritual, ya que al elevar la frecuencia vibratoria del cuerpo y del corazón, los amantes sintonizan mutuamente la irradiación de los chakras, permitiendo el florecimiento del amor y la fusión mística en las etapas más avanzadas. El propósito de la pareja tiene que concentrarse en meditar y amar mientras estamos disfrutando, lo que permite que el placer-amor-éxtasis se irradie desde el primero, cuarto y séptimo chakras, es decir desde lo individual, desde el sentimiento mutuo y desde el alma. Y ¿cómo se incrementa la frecuencia en cada uno de estos centros?

Focalizando el intento a través de pensamientos elevados de fusión y de entrega que lleven a nuestra pareja a sentirse rodeada de luz y sabiduría espiritual.

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