31 de Marzo: El juicio personal es ignorancia


La transición a la nueva energía se está realizando de muchas maneras, unas comunes y otras muy extrañas, pero no por ello menos eficaces. El reconectarse es como volver a vivir lo que ya estaba olvidado en nosotros, especialmente el reconocimiento de lo divino interno en nosotros mismos y en los demás. Pero nadie puede lograr este reconocimiento mientras siga sintiendo la vergüenza, la duda o la culpa. Es un camino sin miedo ni juicio, aceptar la presencia interior de dios en cada ser humano en todos los momentos de nuestra vida, y no únicamente mientras vivimos una ceremonia especial. Se trata de expresarnos como un radiante ser de luz, desde el momento en que volvemos a la divina presencia. Es como si ella estuviese en el centro de una estrella de cinco puntas, que son los cinco atributos divinos.

Si juzgamos a otros y los condenamos, ponemos en marcha una energía de litigio que ha de regresar a nosotros. Y cuando alguien a su vez nos juzgue o agreda, tendríamos que reconocer lo divino en su corazón y enviarle amor y alegría (haciéndonos conscientes de que el espíritu trabaja a través de estas personas para enseñarnos). El amor no surge del cuerpo emocional, pero fluye a través de quien está focalizado en los atributos divinos.

Hay que aceptarse plenamente en cuerpo y alma (incluso ante el dolor o la falta de belleza externa). También hay que aceptar las enormes energías vibratorias que surgen del propio núcleo del planeta, aunque actualmente no hay máquina alguna capaz de medirlas. Cada uno de nosotros somos lo divino en acción, expresándose en cada acción, cada respiración, cada momento vital. Necesitamos una nueva conciencia estelar, una aceptación de la esencia del alma de cada semejante como una estrella, irradiando con luz propia y distinta de todas las demás. Así es fácil confiar en el otro, y aún más, así ni siquiera es necesaria la confianza. De estrella a estrella es de mi corazón al tuyo, de alma a alma, y se manifiesta por un estado de ser, de amor y de conocimiento empático en el que reconocemos lo divino al margen de la mente ordinaria.

Es hora de abandonar todo juicio personal y reconocer que el espíritu tiene sólo una norma universal: como hijo o hija de dios estamos libres de todo pecado y de toda culpa. Somos completos, inocentes y puros desde siempre y para siempre, mientras experimentamos libremente en la materia y en la vida. No se trata de que el juicio humano sobre el bien y el mal sea un error, en palabras de jesua simplemente es imposible y no tiene ningún sentido. No sabemos nada de los caminos del alma ni las consecuencias finales de una palabra o acción, ni qué semilla está siendo plantada con cada una de ellas, no vemos el paisaje completo y así es imposible que, dormidos como estamos, podamos ver la realidad.

Sólo el espíritu es multidimensional y comprende el mayor bien para todos los implicados.

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