Bienvenida Miyo Actividades Escuela Proyectos Eventos Fotos Libros  

Libros
Colección Ensueños de Cristal
Devas y Naturaleza Mágica. Editorial Mandala, 1995
Índice libros

Devas y Naturaleza Mágica
El despertar planetario de una nueva conciencia ecológica

Miyo - Emilio Fiel

Nuestro maravilloso planeta es un inconmensurable Ser so conciencia humana, cuya única bandera es el Christo-Sol, cuya única religión es el Amor y cuyas leyes básicas son el Servicio, el Compartir en la alegría y el Camino íntimo del corazón. Estas son las sagradas pautas de la evolución cósmica que nos conducen por la estrecha senda de la victoria sobre la muerte, a través del contacto con las fuerza divina supramental, hermanándonos con los Seres de Luz Ascendidos y con las fuerzas angélicas implicadas en la transmutación definitiva de la materia-vida.

Miyo 92, día del Señor Santiago

 

Guerrero de lo imposible
Embajador del nagual
Ermitaño de los bosques
Portador de la Luz.
Nadie le vio medir el tiempo,
sólo el universo infinito
que queda por delante.

Pedidos:

Si lo deseas podemos realizar el envío contra-reembolso de 19 Euros la unidad más los gastos derivados (aproximadamente unos 7 euros dentro de la península),  los ejemplares que nos solicites. Sólo tienes que enviarnos tus datos de contacto y dirección de envío a libros@emiliofiel.com

 

Puntos de distribución en Comunidad Valenciana:

Alicante (Aspe)

Amparo:965 494902

Valencia Eva Mª Molina:96-3919634  
 

Editorial:

www.mandalaediciones.com

PRÓLOGO:
EL BOSQUE AMIMADO, por Fernando Sánchez Dragó

Cree Miyo, y al creerlo acierta, que en el Reino del Padre no sólo hay muchas moradas, sino innumerables caminos.

E! suyo, que coincide con el mío, es el del guerrero... Vale decir (como señala, define y pide el Popal Vuh: un camino con corazón.

De ahí, del corazón, sale este libro y a él vuelve des­pués de atravesar y roturar nada menos que el universo. Un universo -macrocosmos y microcosmos- que está según la pluma y las pupilas de Miyo, tan lleno de espí­ritus (y de espíritu) como preñada por los sueños, por la imaginación y por la fantasía estaba la cabeza de don Quijote. Nunca, lector, ha caído en mis manos un libro tan panteísta como éste que ahora tienes en las tuyas. Yo que tú no lo desaprovechada. El panteísmo es el líquido amniótico, el denominador común y el contexto compartido en el que se mueven desde la noche de los tiempos y el alba de la luz todos los seres humanos o hijos de Dios empeñados en la tarea de rasgar el velo de Isis para romper las puertas del mundo denso y fundirse con el Ser en el regazo del mundo sutil. AIIí es donde está la región más transparente. AIIí es donde en verdad da la vuelta el aire.

Del mismo modo que yo escribí -hace ya de eso muchas lunas una historia mágica de España, o de lberia, Miyo nos sirve ahora- delicadamente envuelto por el celofán de un estilo impecable e irresistible, su versión de la historia mágica de la naturaleza. Y aquí tienes, lector, el resultado: un libro que es, simultáneamente, sutil y denso, físico y místico, químico y alquímico, líri­co y épico, novelesco y filosófico. Su autor sabe que aquí, en el mundo de abajo, el camino del crecimiento espiritual pasa forzosamente bajo las horcas caudinas y por el ojo de la aguja de lo corporal y lo material. Valga la redundancia: quien desdeñe y descuide el ámbito de su carne no podrá desencarnarse y seguirá prendido en el samsara y en las redes de la reencarnación hasta que el reptil del big bang mude la piel, se muerda la cola, cierre su ciclo y se transforme en el ourobouros de los alquimistas.

Obra ésta de Miyo, por lo tanto, que se puede tocar, que se puede olfatear, que se puede saborea, que se puede escuchar, que se puede sentir... Y ahí en ese último  verbo se esconde el enigma, el secreto y la clave de su lectura: ponte, lector, ante ella como si estuvieses en el campo; aplica el oído a sus páginas como  si fueras un sioux que ausculta los sonidos de la tierra; huélela y deshójala como deshojarías y olerías la margarita augural del primer amor; paladéala como si se tratara de una copa de vino afrutado y nuevo, tócala como si estuviese impresa en sistema Braille y sobre todo, siéntela como si sintieras los latidos de tu corazón, que es también el corazón  del mundo.

¿Te habías separado o, quizá, divorciado de Gaia, de Gea, de la Madre Tierra? Pues aquí tienes un manual de instrucciones para remendar el desaguisado. Los elfos, las sirenas, las hadas, los gnomos, los snergs, las ondinas y todos los espíritus elementales que bucean y revolotean por entre las páginas del libro saldrán a tu encuentro como lo hizo el gato con Alicia, y te enseñarán el camino del país de las maravillas y del mundo que acecha tras el espejo de lo ilusorio.

M¡yo encarna a la perfección la figura, el símbolo y la imagen del guerrero del Arco Iris. No esgrime más "\/)e/da que la del amor ni utiliza más energía -más ki- que la lucidez. Este es un libro tan puro, tan cristalino, como cristalina y pura fue, seguramente, la primera mañana del Génesis.

Dice el autor: "Amar la naturaleza es convertirse en ella. Deshacer las distancias. Ser mágico es traspasar los límites entre uno mismo y lo otro. Yo soy el árbol, la luna, esa nube o la placidez del lago. Viven en mí y son yo. Los amo y ellos me reciben y me aman en una oleada de felicidad. Disuelvo mi forma por todo lo que me rodea. Entonces siento y comprendo todas las cosas del mundo."

Precisamente así. Vas a aprender, lector, a vivir, esto es, a morir. "En el fondo -dice Miyo- todo el pro­ceso chamánico es un acercamiento a la experiencia de la disolución de los sentidos, que llamamos muerte."

Ningún prólogo es necesario, pero éste lo es menos que cualquier otro. Terminó el tiempo de las palabras, llegó la hora de pasar a la acción: tal es, entre otros, el banderín de enganche que Miyo nos propone. A buen entendedor...

Miyo: lo que has escrito es muy hermoso. De verdad. Eres el nuevo santo de Asís,

Y ahora, lector, respira hondo, entorna los ojos y despliega las alas. El vuelo está a punto de empezar. No hay en él peligro alguno. Desobedece a los sacerdo­tes, a los pilotos y a las azafatas. O sea: no te abroches el cinturón.

Las flores se abren, el rocío pestañea, las ardillas se asoman, los escarabajos recogen la basura, las abejas encienden su radar, el bosque se anima.

Ven, salgamos a pasear por él y concedámonos el lujo de fumar todos juntos, a su arrimo y bajo sus frondas, la pipa de la paz con el universo.

Fernando Sánchez Dragó. Soria, primavera de 1995.

 

   
2005 © Emilio Fiel