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El
Sol que mora en las Tinieblas
El bien como el mal, ambos sagrados
Emilio Fiel
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El primero de los
libros de la Colección Ensueños de
Cristal,
publicado en colaboración con Mandala Ediciones, ya está
a la venta.
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¿Dónde se esconde
nuestra luz? En el corazón de nuestra oscuridad.
La tenemos invertida en
angustias, miedos, rencores, rechazos, dudas. Y hemos de
bajar al vientre para recuperarla de nuevo pero ya
transmutada en conciencia. Este cuerpo es nuestra
materia divina y el medio para realizarnos como dioses
encarnados. Esa es la misión: llenarlo de luz en el
corazón de cada célula y vencer la mentira de la muerte.
Para ello la mejor manera de disolver la dolorosa
atadura que sufrimos con la forma humana es cuadrar
nuestros balances entre la luz y la oscuridad. Eso nos
permitirá ser de nuevo seres fluidos capaces de
fundirnos empáticamente con cada uno de los cinco reinos
de la naturaleza: mineral y vegetal, animal y humano,
además de los seres dévicos o angélicos del universo que
YoSoy. De ese modo la columna de fuego de los chakras,
el resplandor del cuerpo luminoso y la reconexión del
ADN, unirán sus fuerzas para facilitar nuestro proceso
de ascensión física, más allá de la quinta dimensión
hasta las fronteras de la undécima, que está a nuestra
disposición en estos momentos de la historia planetaria.
Los trabajos internos de kundalini, la meditación
profunda, el servicio desinteresado, la ensoñación
consciente, el amor mágico, las ceremonias de sanación
planetaria, el uso de las crisis como maestras, nuestro
vínculo con la Madre Tierra y sus elementos, la
hermandad con seres estelares y de otras dimensiones nos
reconocen como seres capaces de generar luz y conciencia
en cada momento y por tanto como guerreros y amazonas
preparados para la batalla florida contra nuestra propia
oscuridad.
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PRÓLOGO
Luminosamente oscuros, por Fernando Sánchez Dragó
Como en la
brillante superficie de un caldero mágico Miyo nos empuja a
mirar, mejor a Ver, el reflejo interno de un tema
controvertido, la relación entre la luz y la oscuridad.
Fuera de principios morales al uso y lejos de la linealidad
del pensamiento racional, la oscuridad aparece teñida por la
noche y el misterio. Es lo femenino, lo oculto, tanto lo que
tememos desde la infancia como nuestros sueños más elevados
que aún no somos capaces de asumir. Podríamos decir que
nadie puede pasar indiferente ante su propia sombra. Ni ante
su sombra gris ni ante su sombra dorada.
Hoy es común
la comprensión de que siempre hemos buscado a Dios fuera de
nosotros y sólo podemos encontrarlo en el interior del
corazón, tal y como nos fue enseñado hace dos mil años. Por
eso ha llegado el momento de que dejemos también de
proyectar lo demoníaco y lo oscuro fuera, porque lo llevamos
puesto. Ambos juntos y unidos, luz y oscuridad, dios y
demonio.
Mi propia
experiencia cardiaca de los últimos meses me ha enseñado la
lección de que es imprescindible agradecer a la Sombra sus
lecciones, ya que en caso contrario se rebelará contra tu
indiferencia y te dejará sumido en la angustia o la
melancolía. ¿Por qué nos cuesta tanto entender que sin ella
la vida sería imposible y más aún la evolución?
Ningún temor
a que la oscuridad pueda penetrar en nosotros, pues nunca ha
tenido otro cobijo que lo interno. Sólo queda el camino de
abrazar al enemigo, de reconciliarnos con el mal y
transmutarlo en conciencia, de dejar de responder a la
violencia con violencia. Miyo insiste en que toda la luz que
podemos crear en nuestro trabajo meditativo o de servicio
sólo sirve para trasfigurar una parte de la oscuridad que
mora en nosotros. Y así una y otra vez mientras ambas se
disuelvan mutuamente, comenzando cada mañana de nuevo. Un
día el pozo estará limpio y será el momento de que nuestra
luz sirva para iluminar a los demás y para colaborar en la
limpieza emocional del planeta. Este es el cambio verdadero
y sólo nosotros mismos podemos emprender tan arduo e
interesante viaje.
Os deseo una
buena travesía por los mares emocionales de la dualidad.
De día y de noche. Sólo ahora mismo.
Fernando
Sánchez Dragó
Soria, otoño
del 2005
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PREFACIO
LA ÚLTIMA BATALLA, por Koldo Aldai
Recapitular,
observar con detenimiento el transcurso de nuestra propia
existencia es ya maravillarnos de la sabiduría infinita de
la Vida. Ella sabe bien en qué momento exacto han de llegar
los exámenes, los retos; cuándo se dan las circunstancias
precisas, cuándo hacemos acopio de la fortaleza suficiente
para afrontarlos.
Cuando menos
lo imaginamos, la Vida nos aboca a la encerrona
imprescindible, nos presenta la prueba de las pruebas sin
escapatoria alguna: o seguir el itinerario ya conocido,
responder como siempre lo hicimos o por el contrario dar el
salto hacia lo desconocido, allí desde la cota más noble,
más valiente de nosotros mismos que seamos capaces de
escalar.
De cualquier
forma, raramente escalamos lo debido. Raramente respondemos
con el suficiente amor, pero sin duda, en el transcurso de
las vidas vamos experimentando progreso. Las pruebas
importantes tienen que ver con abrazar lo más oscuro que se
nos presenta en la existencia. Bajamos a la tierra para
forjarnos en incondicional amor. Los retos que atendemos tan
sólo testan nuestros avances en este sentido, constatan
nuestros progresos o retrocesos en nuestro nivel de entrega.
Amor por
amor no entraña mayor salto evolutivo. No hay mérito en amar
a quienes nos aman. La Vida se encarga siempre de ponernos
un listón más alto. El genuino amor se constata cuando se
nos aboca a abrazar lo oscuro, lo dañino, lo adverso, lo
contrario…
La prueba de
las pruebas tiene que ver con devolver bien por mal, con dar
la victoria al contrario, con desearle lo mejor, con
alegrarse de sus progresos… La prueba de las pruebas
consiste en perdonar la ofensa y acercarse al ofensor,
encajar el mal y comprender al malhechor…
Antes de
bajar a la tierra dijimos que podríamos, que seríamos
capaces de encarnar incondicional amor, que en las más
difíciles coyunturas conseguiríamos abrir los brazos; pero
llegado el momento dudamos y protestamos al Cielo por
habernos acercado ese cáliz. Siempre es posible dar algo más
de nosotros mismos, amar más allá de lo que hasta el
presente supuestamente amamos.
Hay muchas
formas de amar que al día de hoy se nos escapan y que, por
supuesto, poco tienen que ver con los contratos de
compra-venta que tan a menudo establecemos. Amar no implica
necesariamente palabras o gestos de cariño…, por supuesto
nada tiene que ver con doblegamiento o servilismo. Amar
puede ser una palabra severa, pero desnuda de odio, una
actitud firme, pero no exenta de compasión, puede ser
incluso una respuesta contundente y a un mismo tiempo
henchida de misericordia. Hay muchas formas de amar,
seguramente más de las que podamos llegar a creer, y no
siempre se expresan con miel en los labios.
Miyo sabe de
todo esto. Curtido en batallas buscadas o encontradas,
siempre salió airoso. Eligió bien arena y adversarios y a
ninguno de ellos le privó de su omnipresente sonrisa. Creo
que tentó al dragón quizás en exceso, pero de cualquier
forma lo afrontó con amor. Entre batalla y batalla se plantó
ante el monitor y nos compartió estrategias de compasión,
mapas de internas batallas… Sabe dónde flaquean murallas,
dónde el asalto se consuma con éxito, cómo perpetrar el
ataque ante las íntimas fortalezas…
Con la
lectura de esta última entrega de Miyo, uno difícilmente se
puede quedar en teorías, sin sentirse espoleado a la arena
de adentro. Nos lo hacía saber en multitud de ocasiones, al
pie de acantilados, en la profundidad de los bosques, en el
círculo de fuego, en la ronda de palabra… A veces le oíamos
un tanto extrañados ante su insistencia de abrazar la
oscuridad, tema que constituye también el argumento
fundamental del presente libro.
Pero las
pruebas más temidas siempre acaban llegando. Nosotros mismos
las atraemos. Y entonces es cuando retumba en nuestros oídos
el reclamo de Miyo invitando a encarar imposibles. Al final
nos persuadió de que era preciso apretar con el mismo candor
el metal de dos caras, la vida en un mismo “pack” con su
anverso y reverso.
El futuro
nos ha alcanzado. Se concitaron ahora las condiciones para
superar lo que siempre postergamos. Solos no podremos, por
eso pediremos al Cielo que nos llene de fuerza y así
devolver bien por mal y así iluminar con potentes watios las
tinieblas. Únicamente tras esas pruebas supremas nos
graduaremos; sólo tras superar esos desafíos titánicos,
iniciáticos, podremos empezar nuestra carrera de servicio a
la Vida, a la humanidad, comenzando por nuestros más
cercanos… El paso por la tierra invita siempre a un gran
salto, que en un momento hay que dar, so pena de dejar el
cuerpo con el alma sometida a las mismas, ancestrales y
egoístas inercias.
Miyo se
especializó en fulminar esas inercias. Por encima de todo le
agradezco el habernos acercado a esas particulares
tinieblas. Se amontonan los recuerdos. Siempre había su
«¡ánimo!», antes del vértigo, siempre su rostro encendido...
El vértigo podían ser rayos, precipicios, aguas heladas,
cuevas insondables… y nunca faltó melodía en sus labios,
mirada alentadora…
La vida es
luego más amable, más sencilla y llevadera para quienes han
frecuentado los vértigos. Miyo no nos los ahorró. Más bien
desarrolló toda su inventiva, nada despreciable por cierto,
para multiplicarlos.
Viví en su
compañía algunos de esos imposibles, que al rato trucaron en
aurora. Agradezco esos desiertos, esas tormentas… que
atravesamos ante su empuje. Agradezco el rayo que nos tumbó
en inolvidable bendición en las murallas de Montsegur.
A veces me
pregunto qué seríamos sin esos desafíos que él concitó
delante de nosotros. De seguro, nuestras piernas hubieran
temblado más visiblemente ante postreros retos de la Vida.
Sin su presencia grande, a veces incluso desmesurada, los
dragones seguramente se habrían quedado sin abrazo y
nosotros sin disfrutar de ésta y otras tantas enseñanzas, de
ésta y otras lecturas suyas tan bellas y provocadoras, tan
profundas y esclarecedoras a un mismo tiempo.
Koldo Aldai
Equipo
Portal Dorado -
www.portaldorado.com
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PRELUDIO
“Ahora sientes la tenaza del
miedo y es perfecto, eso te hace humano. Únicamente los
vanidosos y los imbéciles ignoran el miedo. Pero de ese
temor debe nacer una fuerza capaz de vencerlo.
Un guerrero
encarna la tormenta, el furor del cosmos y lo implacable
del rayo. Creer
sólo en la bondad de lo humano es una debilidad
que destruye reinos. Debilita pueblos enteros y arruina
culturas que pierden su progreso.
En este
tiempo en que has de enfrentar la Oscuridad sin
tregua, se la
mano que actúa y entrega, pero también
la que a veces golpea y castiga. Y cuando por fin
reunifiques tu fuerza en un diamante de luz, levanta
la espada flamígera
del Amor Incondicional, devuelve el Caos desintegrador
al olvido y recrea la Armonía del Ser”.
El Sol del Amor radiante
Abordamos
un tema tabú para gran parte de las culturas
planetarias en estos comienzos del siglo XXI. Un tema
cuya influencia es tan desmesurada en nuestra vida
que puede cargar sobre sus hombros la mayor parte del
dolor, la enfermedad y la muerte que la humanidad ha
venido sufriendo a lo largo y ancho de los últimos
milenios. Se trata de la necesidad de amar la oscuridad
y de aceptar el mal para disminuir su poder sobre el
mundo y especialmente para reducir la influencia destructiva
que produce en la generalidad de las relaciones humanas.
Más que nunca ha llegado el momento de aplicar
en nuestro camino el ama y haz lo que quieras. Y ¿qué vas
a amar además de tu gente y tus gustos sino
lo que te molesta o agrede, lo que te parece negativo
o despreciable, lo que está en contra de tus
creencias o quiere acabar con tus privilegios? Es hora
de realizar que el amor y la compasión son las
armas de los verdaderos dioses creadores, allá donde
golpean hacen florecer la vida en vez de extender la
muerte. Este es el nuevo desafío: amar la enfermedad
y la muerte; amar al demonio que yo soy y a los ángeles
caídos; amar al enemigo que ataca agresivamente;
amar la mentira, amar a los gobernantes corruptos
y amar a los hijos de la oscuridad; amar al jefe
que
nos echa del trabajo, a los que piensan contrario
a nosotros y a las ex parejas que se alejaron de
nuestro lado…
Ya en la Comunidad
del Arco Iris (hace casi treinta años) esta fue la bandera que defendí para
el cambio de conciencia de tercera a cuarta dimensión
a través de la superación de todos los
límites mentales; de afrontar lo prohibido;
de liberar la sexualidad; del despertar de los chakras
y de experimentar la síntesis de tradiciones.
Un trabajo que se resumía en la disposición
para sumergirse en la cueva de los secretos que está en
el vientre. Luego en el 87 tuve que cerrar esa etapa
para que el paso de cuarta a quinta dimensión
fuera posible: asumir lo divino y lo diabólico
de nuestra personalidad; equilibrar las polaridades
masculina y femenina; canalizar los mensajes de las
estrellas; realizar ceremonias planetarias; crear redes
de conciencia; activar el cuerpo luminoso y la merkabah
(el vehículo del alma); acelerar la activación
genética de las trece espirales del ADN, etc.
¿Cómo realizar estos
objetivos sin sumergirte conscientemente en la cueva
del dragón? ¿Cómo mantener la
calma en medio del desastre si ni siquiera has penetrado
voluntariamente en la oscuridad de tu vientre? ¿Cómo
moverte libremente en medio de un incendio o sobrevivir
en el hielo polar si antes no has resuelto los temas
pendientes con la materia, el sexo, el poder y lo inconsciente?
Vivimos el tiempo
del equilibrio de las polaridades y sabemos que nadie
atravesará la
barrera de fuego de la 5ªD (quinta dimensión)
para viajar por los mundos del alma y del espíritu,
si no es capaz de establecer un balance equilibrado
entre lo masculino y lo femenino en su interior, entre
la luz y la oscuridad (el bien y el mal) y entre lo
sagrado y lo profano (el espíritu y la materia).
Pero este objetivo que es tan fácil de formular
no resulta tan sencillo cuando lo intentamos aplicar
en lo cotidiano. Cuando se trata de amar la enfermedad
sin intentar matarla a pastillazos y radiaciones; cuando
hay que aceptar la muerte de un hijo y establecer relaciones
con su alma como si de un aliado al otro lado del velo
se tratara; cuando es cuestión de respetar y
agradecer a una pareja que se ha alejado de nosotros
y está con otra persona (simplemente porque
el amor entre nosotros ya no fluye); cuando hemos de
sumergirnos en la oscuridad, la soledad, el vértigo
al vacío, o de aceptar de manera natural a las
arañas, las serpientes, las cucarachas o las
ratas… La mujer ha de aprender a desarrollar
la sobriedad emocional, la serenidad, la fuerza y el
propósito para sumergirse de lleno en el reino
de su inconsciente que está en su útero
(vientre), y el hombre ha de ser capaz de abrir su
pecho a las emociones intensas que le dan pavor, a
ser vulnerable y creativo sin perder su poder personal,
su centramiento, su firmeza y su propia confianza.
Aún más, en cada decisión
a tomar hemos de permitir que la oscuridad se exprese
y manifieste sus medios (casi siempre violentos y destructivos),
y también que la luz se revele ante nosotros
(soluciones pacíficas y comprensivas). Y luego
hemos de elegir libremente entre ambas, sabiendo que
aquello que decidamos está bendito en el universo
porque ha sido establecido a partir de un equilibrio
entre la luz y la sombra. La oscuridad parte de que
el mundo es un lugar peligroso y todo está separado
de mi, por eso desarrolla el miedo y la agresión
contra los adversarios, buscando en todo momento el
interés propio caiga quien caiga. Y la luz parte
de la unidad del mundo y de ese corazón amoroso
fruto de la chispa divina que cada ser humano porta
en su interior, por eso encuentra sendas de colaboración
y de sinergia de grupo, dejando a cada cual su lugar
en el proceso global. En la vida real, los dos tienen
ventajas y defectos, y tanto la luz como la oscuridad
pueden cegar al peregrino. La luz peca de orgullo y
prepotencia y la oscuridad de maldad y de ambición.
Por eso es necesario que ambas se equilibren una a
otra para tomar la justa decisión en este lugar,
en este instante y para esta situación concreta.
Ni siquiera es difícil imaginar que cuando un
adulto está violentando a una criatura, buena
parte de las posibles voluntades que constituyen la
Voluntad de Dios pasan por caminos distintos que el
de enviar amor al agresor o violador, y que en muchos
casos simplemente la Voluntad de Dios que Yo Soy es
una patada fulminante en sus partes sensibles.
Equilibrar los
opuestos y convertirlos en complementarios y colaboradores
en cada instante
para realizar la justa acción es todo un arte
refinado y sofisticado que exige mucha dedicación.
Dejar de juzgarlo todo como bueno o como malo y simplemente
unificar las diferentes actitudes y posibilidades presentes
para tomar la mejor decisión posible, es una
especie de liberación del estrés y una
especie de iluminación de la conciencia. Ya
no hay bueno y malo, razón y corazón,
luz y oscuridad, tan sólo existe el espíritu
y todo lo que me sucede es sagrado. Si enfermo, si
me separo, si se muere algún ser cercano, si
la casa se quema, si sucede cualquiera de las posibles
catástrofes propias del apartado de sucesos,
hay que detenerse e intentar comprender la lección
que nos trae la nueva situación, y asumir conscientemente
como se adecua lo sucedido a nuestros propios deseos
soñados o manifestados en las últimas
semanas. Porque la mayor parte de las veces lo aparentemente
negativo y oscuro que nos sucede es la manera que utiliza
el universo para concedernos (indirectamente) nuestros
deseos más profundos. Y sólo si somos
capaces de llevar con dignidad estas situaciones podrán
manifestarse en nuestra vida las soluciones que conllevan.
Por eso tenemos
que afirmar que todo viene en parejas y que si persigues
la parte positiva
de cualquier dualidad que puedas imaginar, ten por
seguro que primero habrás de afrontar serenamente
y de manera lúcida la parte negativa de esa
misma dualidad. Quien vive con alegría, serenidad
y entusiasmo la pobreza, la enfermedad o la separación,
puede estar seguro de que pronto será recompensado
con la abundancia material, el bienestar corporal y
mental, y una nueva y más intensa relación
de pareja. Este instante, sea de día o de noche,
es único y hemos de vivirlo con aceptación,
integridad y una cierta dosis de pasión, que
nunca abandona a los seres que tienen energía
disponible. Quien aprende a ser consciente en el aquí y
ahora ha logrado traspasar el juego de lo bueno y lo
malo. Pero la clave es asumir sin lugar a dudas que
no hay enemigos, que no existe nada en el universo
que haya sido creado contra nosotros, que lo que viene
es fruto (aunque a veces enrevesado y confuso) de nuestras
propias intenciones y propósitos. Quizás
este simple camino (tan sencillo que sólo lo
pueden entender las mentes que han vuelto a la conciencia
transparente del niño interno) sea uno de los
muros insalvables con los que cada ser humano topa
una y otra vez a lo largo de sus cincuenta o sesenta
años de recorrido vital como persona adulta.
Y siguiendo
estas pautas ¿cuál
es el objetivo de este pequeño ensayo que recoge
comentarios diversos, canalizaciones personales y de
todo tipo de intermediarios, contactos con el ser,
reflexiones de grupo, extractos de conferencias impartidas
a lo largo de los últimos veinte años,
y todo aquello que en los últimos diez se ha
cruzado en mi camino interno relacionado con luces
y sombras, con lo bueno y lo malo, con la integración
de lo masculino y lo femenino en cada uno de nosotros?
La clave es reconocerme como un intermediario entre
el cielo y la tierra, entre la conciencia y la materia,
entre dios y el demonio, entre la luz y la sombra.
Lo más luminoso y lo más oscuro del universo
se unen en mi interior para producir felicidad, comprensión
y libertad sin límite. Y ciertamente el espíritu
es uno y está más allá de la unión
de los contrarios, así que ambos extremos le
sirven y le manifiestan, al margen de la moralina social
en uso. En estos tiempos estamos abriendo la mente
a la aceptación de nuestra naturaleza divina
y aunque nos cuesta asumirlo vamos aceptando que nuestra
voluntad es la voluntad de dios en este instante, y
que no hay ley divina por encima de ella, que este
es el increíble regalo del libre albedrío
que el espíritu nos ha concedido para elevar
(a través de la oscuridad) la frecuencia luminosa
de todo el universo. Pero aún falta mucho para
que aceptemos con todas sus consecuencias la otra parte
de la ecuación, que sintetiza nuestra naturaleza
diabólica, que sepamos tratarla con suavidad
y sin perder nuestro centro de observación,
y ese es el siguiente paso al que estamos indefectiblemente
abocados. Así que ante la pregunta de cuál
es el objetivo de este libro, bien podría contestar
en un humilde homenaje a ese gigante de la conciencia
que fue y sigue siendo Shri Aurobindo, que descubrir
el sol radiante que mora en las más profundas
tinieblas de nuestro Ser.
¡Se abre el telón! Y
ahora si vamos a comenzar con ese juego de sombras
chinescas, donde la luz crea el espectáculo
con la ayuda de la oscuridad que proyecta. Un camino
abrupto y glorioso en el que puedes entender con claridad
el mensaje que te transmite la vida. La increíble
oportunidad de palpitar dentro de un cuerpo humano
aprendiendo a través del contraste, de la libre
elección y de la conciencia. Ha llegado el momento
de sumergirte en aguas pantanosas sin dejar que sea
el miedo el que te guíe, flotando en la barca
del misterio y avanzando con los remos de la curiosidad
y del entusiasmo. Te deseo una feliz travesía,
y ahí en medio de las nieblas de Avalon nos
vemos…
¡Buen camino y que tu
sol sea siempre brillante y amoroso!
“En la universidad del alma las
materias a estudio se llaman luz y oscuridad y sólo
alcanzará su licenciatura el que sea capaz de mantener
la calma, la comprensión y la sonrisa en presencia de
cada una de ellas. Una es tan importante como la otra y
ambas son sagradas y se necesitan mutuamente. También el
momento presente, el ahora, es sagrado y nuestro
espíritu ha de aprender la lección que cada instante
trae consigo. Si es de día, será la lección de la luz.
Si es de noche, la de la oscuridad. Opuestos o
complementarios, ¿qué más da? Lo que vivimos en el
eterno ahora es lo que cuenta, sea claro o sombrío. En
el presente no hay más que lo que hay. Si claro, luz, si
negro, oscuridad. Hay excesos en lo luminoso y
magníficas lecciones en lo oscuro. Acepta lo que viene y
mantén tu centro con una sonrisa y un sentimiento
unificador en el corazón. Toda nuestra vida es un
sinsentido porque tenemos la energía invertida en daños,
traumas infantiles, separaciones, muertes y dolores que
absorben nuestra vitalidad y nos drenan de poder
personal. En realidad es más bien como si después de
haber pagado el precio del desafío de la sombra oscura,
después de haber podido mirar cara a cara al guardián
del umbral sin perder la calma, nos fuera devuelto el
poder que durante tanto tiempo habíamos invertido en
evitarlo”.
Miyo |