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Europa 1999. El despertar del sol de Europa
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Europa 1999
El despertar del Sol de Europa

Crónica 2
 

La acogedora y familiar ermita de Nuestra Señora del Salz, en tierras aragonesas, fue el punto de arranque y final de nuestra última Peregrinación Conchera del milenio: "El Despertar del Sol de Europa".

Una intensa velación durante la noche previa a la fiesta del Señor Santiago y la danza posterior ante el Pilar de Zaragoza pusieron en marcha y profunda sintonía al grupo. Y el flamante autobús de "Autocares Gastón" conducido por Gabriel con precisión milimétrica -que se lo pregunten a los campistas holandeses)- enfiló los casi siete mil kilómetros que nos disponíamos a recorrer.

Monserrat nos recibió, como siempre, con sus rocosas agujas apuntadas al cielo mientras nosotros enterrábamos en la tierra, en armoniosa ceremonia, uno de los cristales preparados al efecto. Ceremonia que se repitió a lo largo de los días, conectando en red significativos enclaves de Europa: Monserrat, Montségur, Rocamadour, Friburgo, Berlín, Sternsteine, Stonehenge, Glastonbury, Mont Saint Michel, Carnac, Roncesvalles...

Con un dato muy significativo: en todos ellos, de manera totalmente imprevista, hubo una participación comprometida de personas del lugar que aceptaron ser guardianes de las Semillas de Luz que íbamos depositando. Preciosos e inesperados encuentros que tocaron los corazones de todos.

Tras cruzar los Pirineos, un recuerdo en el castillo de Montségur a los cátaros inmolados en su comprometida búsqueda interior. El fuego que les abrazó vino también al encuentro del grupo de los peregrinos envolviéndolo en los rayos de una impresionante e inolvidable tormenta. Al parecer, los Cuatro Elementos en trabajo intensivo nos iban purificando para el trabajo que pensábamos realizar.

Una conexión con el Camino de Santiago en la Virgen de Rocamadour y la inmersión en la Selva Negra junto a Friburgo fueron fugaces etapas en una acelerada marcha hacia Berlín, donde debíamos estar sin falta el último día de julio para posibilitar la incorporación de otros peregrinos que, por diversas obligaciones personales, no pudieron viajar desde el comienzo. Berlín nos recibió muy acogedoramente. Unos buenos amigos, conocidos vía Internet en uno más de los muchos episodios maravillosos que fueron macando la Peregrinación, nos abrieron las puertas de su Centro para que sirviera de base de operaciones. Con uno de ellos, José, y otros integrantes de su Grupo Conchero tuvimos el privilegio de danzar durante horas en la propia Puerta de Brandeburgo, haciendo realidad un sueño acariciado por todos.

Tras la incorporación de los refuerzos llegados de España, y ya en número de cincuenta personas, continuamos el viaje por Alemania hasta el impresionante conjunto prehistórico del Sternsteine, que vino hacia nosotros también de modo insospechado.
El paso rápido a través de Holanda y Bélgica nos permitió llegar a Calais y atravesar el Túnel de la Mancha envueltos en las notas de una alabancita: "Eleva el pensamiento... nada te turbe, nada te espante...".

Las Islas nos recibieron con su clima característico: más agua, para no variar. Pese a ciertas dificultades con la autoridad, se pudo celebrar también un breve ritual en Stonehenge antes de disfrutar de otro mucho más reposado y completo en una colina sobre la mítica Glastonbury.Y de nuevo el Túnel de la Mancha nos transportó hasta Pontorson, a la sombra del Mont Saint Michel, el día 10 de agosto, víspera del Eclipse de Sol.

El día 11 se vivió intensamente. La iglesita románica de Pontorson nos acogió durante horas de interiorización y después nos acercamos en columnas, cantando, hasta el Monte sagrado en una inolvidable marcha por las arenas de la bahía mientras la marea comenzaba a subir.

Al día siguiente los alineamientos de Carnac rememoraron épocas lejanas sintiendo de nuevo a su alrededor la vibración de percusiones y pies danzantes marcando danzas sagradas.

A punto ya de concluir, un nuevo contacto con el Camino de Santiago en Roncesvalles y una bella alabancita cantada en la Misa de Peregrinos, rodeados de canónigos y con acordes de órgano, simbolizaron de alguna manera el encuentro y abrazo con tantos lugares de poder, tantas personas abiertas y tantos caminos espirituales tocados a lo largo del recorrido.

La última velación en Nuestra Señora del Salz y la danza y posterior entrega en el Pilar de las flores cargadas con el trabajo y la recta intención de todos los participantes cerraron geográfica y espiritualmente la Peregrinación.

 
2005 © Emilio Fiel