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Hispania 1995
Peregrinación por
los cuatro vientos de Hispania
Crónica
Mesa Conchera
Hispana, del 1 al 31 de Julio de 1995
El primero de julio
y desde Cabo Creus partió la peregrinación
a los Cuatro Vientos del Corazón de Hispania que
acabará haciéndonos recorrer unos 6.500 kilómetros
por toda nuestra geografía, sin olvidar el paso
por Fátima y la Conquista portuguesa que ofrecimos
a nuestra amada Nanita.
Durante trece días
caminamos a pie, bajo la lluvia, en Asturias y Galicia
o a más de 40º de temperatura cerca de Sevilla.
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El trasiego de peregrinos
fue continuo, unos uniéndose a la caravana y otros
partiendo para sus respectivas obligaciones. Se hicieron
dos velaciones, en Santiago y Fátima, y trece ceremonias
de danza (todas ellas con sus correspondientes ofrendas
a la Madre), para acabar finalmente cerrando la peregrinación
el día 30 de julio con una ceremonia de danza ante
la Virgen de la Almudena en Madrid.
En las escalinatas
de aquella catedral, cobijado de un calor que no doblegaba
a los danzantes, en medio del trajín de turistas
alarmados por tan poco folklórica estampa , sentía,
al borde de esos intensos días, despedirme de esa
tribu de magníficos guerreros hispanos.
Atrás quedaba un mes trepidante de ceremonia y convivencia, de aprendizaje
y de olvido, atrás belleza y devoción paseada por los rincones
de esta tierra desmemoriada, atrás hermosos instantes detenidos en surcos
imborrables.
¿Hollamos caminos
de Su Gloria? En la inmensa Península hubo intentos
en todas las direcciones, kilómetros de todos los
colores. Sol de frente, sol empujando a nuestras espaldas...
Hubo alabanza, palabra de aliento, y a destiempo... Barro
bendito en los caminos, barro atascado adentro... montaña
y desierto, gozo y olvido. Sacudimos nubes, descendimos
abismos. ¡Tantos cruces, tantos ramales de Él
sabe a dónde en los caminos de Su Gloria!.Resta
un eco por las tierras de Hispania, alabanzas que los vientos
aún atesoran, danzas de horas para su Gloria...
Queda el hechizo de
plumas, el humo sagrado suspendido en los caminos, queda
el ritmo de semillas atrapadas que no calla en corazones
más liberados.
Resta la sonrisa del
turista que vio variado su rumbo, el gozo de cuantos nos
abrieron las puertas, el interrogante de quienes nos las
cerraron... Vimos un Cielo agradecido.
Finalizada la danza
queda el escozor de no haber apurado más el esfuerzo,
inevitable pesar de no haberlo dado todo en el círculo,
en las columnas, en el compartir diario; espina que despertará,
de seguro en la próxima, unas mayores ganas de servir.
Fuimos lo que bien
pudimos. Queda la memoria espoleadora de lo que quisimos
ser... el aviso de qué pie cojeará también
el próximo Julio, de qué piedra no nos sorprenderá mañana.
Queda el anhelo de
un paso más firme, de un canto más alto,
de un círculo más amplio. Queda la fuerza
de nunca parar, de saltar a la Francia vecina, de ensanchar
más los brazos, de reunirnos en ansiado encuentro
con los hermanos de Europa.
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