La necesidad de las crisis mentales para el despertar de la conciencia

 

Cuando eres bendecido por el Espíritu, tu implante mental salta en pedazos 

“Rechazar lo que se manifiesta en nosotros, aunque se trate de una crisis mental, nunca es un buen camino para solucionar la situación. Y cuando el entorno familiar (ayudado por la pseudociencia química y la repulsa social) sataniza la situación, es decir la teme y la persigue proyectando sus causas sobre la víctima, entonces la llamada enfermedad se convierte en una frontera difícil de traspasar, pierde sus ventajas internas y se transforma en un monstruo intratable e incontrolable. Así sucede con la llamada esquizofrenia, las crisis psicóticas y las alteraciones mentales, tal y como anteriormente sucedió también con la homosexualidad (los invertidos o heyokas, los mezclados…) y otras variantes sexuales. Para el mundo indígena prehispánico cada uno de ellos era especial, un ser hipersensible que traía bendiciones a la colectividad.  Ellos consideraban  a las crisis mentales como un camino de mejoría y de ruptura espiritual  de los moldes establecidos, no solo de agravamiento y oscuridad, aunque al principio puedan parecerlo. Los indígenas  sabían afrontar estas variantes de la norma y las trataban como experiencias espirituales capaces de despertar dones de percepción y de sanación que finalmente ayudaban a la tribu a encontrar su camino en medio de la incertidumbre de la existencia. Y los que pasaban estas pruebas eran wakan, sagrados, aspirantes a chamanes y capaces de realizar vuelos del alma que traían luz en la oscuridad de la noche”. Miyo

Esquizofrenia: La crisis mental es una alteración espiritual que funde la realidad etérica con la realidad ordinaria y, bien dirigida, conduce a un despertar de los dones internos y de los sentidos sutiles, además de abrir la puerta a la liberación del ego y de la importancia personal. Todas las tradiciones indígenas han considerado a la locura como sagrada, una etapa previa para la verdadera iniciación chamánica de aquellos que tienen que instalar su hogar en dimensiones más elevadas de la conciencia (recuperar las almas perdidas, sanación espiritual, visiones de futuro, ensoñar las ceremonias de la tribu, y plasmar los sueños colectivos en el plano material…).

La ignorancia médica trata a estas gentes como deshechos humanos que no sirven para responder adecuadamente a las exigencias laborales y que alteran peligrosamente el equilibrio familiar, y los llenan de fármacos envenenando su cuerpo, inyectándoles el miedo en vena y degenerando su mente. Es una pérdida irreparable a nivel social y espiritual, porque entre estas gentes, las más sensibles de cada familia y las que se llevan toda su basura acumulada, están las almas capaces de saltar por encima de las esclavitudes de la matrix y formular las nuevas líneas directivas de la otra realidad, desde donde se sueña esta pesadilla que llamamos vida ordinaria (y que aún se manifiesta como guerra, hambre, pobreza, explotación, drogas, violencia de género,  corrupción, tráfico de órganos, etc). Así la oscuridad se carga a los elementos más valiosos para el cambio de conciencia, por otro lado irrecuperables para la industria del control, creando una atmósfera de exclusión que les señala para toda la vida como seres apestados que han perdido su propia dirección.

Estos seres no necesitan matar el brote esquizoide en que están inmersos, sino desarrollarlo con sabiduría y con la guía de maestros adecuados. La locura es su aliada y no su enemiga. Ya es hora de abandonar la satanización de los dones psíquicos y los poderes internos. La realidad es que para despertar a esas otras realidades alternativas es necesaria una crisis traumática de valores, antes de poder asentarse en una nueva y más elevada frecuencia de percepción. La sensación de pérdida de equilibrio, las voces en la nuca, la obsesión por los gestos como si nuestro cuerpo fuera una marioneta que estamos activando, los miedos incontrolables como si alguien estuviera poseyendo nuestra mente, son algunos de los síntomas. Y cuanto más son rechazados más duros se vuelven los mensajes y las sensaciones, y más aterrador es el resultado. Finalmente emergen del hospital castrados, como zombis, drogados hasta las cejas y a eso llama el mundo psiquiátrico ‘detener el brote’ y controlar al rebelde…

La familia y los amigos son esenciales en la recuperación de las crisis mentales, la vida en el campo (rompiendo con la agitación ciudadana y el bombardeo de los sentidos), la alimentación equilibrada (fuera azúcar, leche, soja, carnes rojas…), el ejercicio físico, la liberación de las tensiones del plexo solar (diafragma crispado), el amor y respeto del grupo social, el transmitir la guía necesaria para no considerarse marginados, sino seres en proceso de un gran despertar que portará visión de futuro y sanación a la sociedad entera. Estas personas hipersensibles son una esperanza para los cambios esenciales de la conciencia que se están desarrollando, especialmente después del paso de la barrera del tiempo entre el 21/12/2012 y el 21/09/2013. Son los nuevos canalizadores de energía espiritual que servirán de intermediarios con los mundos sutiles y los seres que los habitan (maestros ascendidos, guías espirituales, ánimas liberadas de los cuatro vientos).

Miyo 2014

 

 

DEJAR DE PENSAR Y APRENDER A SENTIR- FELDENKRAIS

 

Aprendemos a través de la experiencia.

No a través de la experiencia de otros, si no de nuestra propia experiencia. Sabemos que lo que no aprendemos por nosotros mismos, nuestro sistema nervioso no lo integra.

Como cita Confucio:

“Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí.”

Aprender no es posible sin sentir. El sentir nos conecta directamente con la experiencia, en cambio, el pensar nos conecta con las ideas, con lo abstracto, con lo que no es real por no manifestarse aquí y ahora.

La experiencia, la posibilidad de aprender, sólo sucede en el momento presente, sólo podemos sentir aquí y ahora.

No puedes sentir lo que pasó en el pasado, sólo puedes recordar mentalmente lo que sentiste. Por ejemplo: Si ayer te tropezaste y te hiciste daño en el pie… ¿Puedes sentir ahora ese dolor? o si ayer tuviste un orgasmo… ¿Puedes sentir ahora mismo ese placer? Me atrevo a decir que no, que como mucho puedes tener un recuerdo mental de la sensación, pero no puedes sentir aquí y ahora lo que sentiste en el pasado.

De la misma manera no puedes sentir lo que sucederá en el futuro, solamente puedes proyectar una idea mental o imaginar que crees que sentirás. Por ejemplo: ¿No te ha pasado que una vez que tras cumplirse un deseo anhelado, la sensación de felicidad era mucho menor de la que habías anticipado? ¿No te ha pasado que un miedo que proyectabas hacia el futuro, a la hora de encarar una situación nueva, finalmente no apareció en dicho momento?

Durante la educación que recibimos se suele poner muy poca atención en ayudarnos a desarrollar nuestra capacidad de sentir. Tampoco se nos apoya para afinar dicha capacidad, entrenándonos para a discernir diferencias cada vez más sutiles.

Pero… ¿Por qué es tan importante desarrollar la percepción, la capacidad de sentir?

Por que cuanto más sensibles somos, más información captamos. Cuanta más información poseemos, más posibilidades de conjugar y elaborar nuevas ideas, nuevas estrategias y nuevas respuestas.

Manejar más información hace que nos convirtamos en seres cada vez más complejos, por lo tanto más adaptables al cambio, con más posibilidades de elección, más ingeniosos, creativos e inteligentes.

La capacidad de cambio está directamente relacionada con la capacidad de reorganización y readaptación, y según Feldenkrais esto está estrechamente ligado a nuestro nivel de salud.

Para el Dr. Feldenkrais.

“La salud se mide por el shock que una persona pueda recibir sin comprometer todo su sistema de vida.”

Esto quiere decir que cuanto antes se re-equilibra una persona tras un suceso traumático más saludable es.

El Método Feldenkrais® está diseñado para entrenar nuestra capacidad de sentir, para educar y afinar nuestro sentido de la percepción.

Cuanto más sentimos menos espacio dejamos a los pensamientos compulsivos. De igual manera, cuanto más vivimos en la “cabeza” menos sentimos, menos percibimos y, por consiguiente, menos aprendemos. Por esto es más importante dar espacio al sentir que al pensar.

Pero… ¿Qué sucede cuando comenzamos a hacer contacto con el sentir?

Que, muy a menudo, sentimos tensión, incapacidad, dolor, limitación, angustia, desorientación… y entonces, inconscientemente, elegimos no sentir y volver a nuestro hábito de “pensar” la vida, de vivir fuera del presente y fuera de nuestro cuerpo sensible y, así, volvemos a nuestros antiguos hábitos, que aunque muchas veces molestos, estamos acostumbrados a vivir con ellos….

Y nunca termina la pescadilla de morderse la cola…

¿Tienes el coraje de sentir cada vez más, sea lo que sea?

Miyo.

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