EL ARTE DE VIVIR CON CONCIENCIA (sobre las enseñanzas de Carlos Castaneda)

 

El soporte interno para el arte del rastreo o del  acecho es la comprensión de que el mundo en sí mismo es un misterio y cada uno de nosotros formamos parte de ese misterio incomprensible. A pesar de ello, y sin esperanzas de que la mente pueda descifrar las claves ocultas, hemos de sumergirnos completamente en él, como si fuera posible desvelar lo incognoscible. Así en cada situación entraremos de cabeza, desapegados y ligeros, como si nos fuera la vida en lo que estamos haciendo, o mejor como si fuera nuestro último acto sobre la tierra y esto nos impusiera una total impecabilidad. Sin jamás aparecer como la cabeza visible podemos disimular nuestro juego y llevarlo a buen término. Al borde del precipicio descansamos un momento y nos olvidamos de todo, meditando libremente, para dejar que las fuerzas del Espíritu tomen el mando y se manifiesten para la resolución del problema.  Las leyes básicas del acecho insisten en que consideremos a cada ser humano como alguien digno de los desafíos propuestos, sin falsa compasión, dejándonos guiar por lo interno, por la intuición, sin prisa para alcanzar los resultados previstos y sin perder jamás la compostura ni el sentido del humor especialmente con uno mismo.

 

1– Somos dobles y vivimos en una doble realidad. Lo conocido es sólo una pequeña parte de nuestro horizonte global. Existe a su lado otra Realidad aparte con distintas leyes y un nivel más elevado de conciencia y de libertad. La sociedad fija en cada uno de  sus miembros la manera de percibir las cosas haciendo rígido el punto de encaje, que se mantiene en el mismo lugar toda la vida como herencia del tonal de los tiempos. Y eso provoca una visión muy limitada del mundo y justifica la existencia de guerras, hambre, emociones desbordadas, polución, explotación, etc. La Otra Realidad por su parte nos permite vivir la existencia de una manera más íntegra y satisfactoria, en contacto con la magia y el misterio del Espíritu.  Para pasar de una realidad a otra hemos de aprender a mover nuestro punto de encaje, sea de manera superficial a través de la Recapitulación y el Rastreo (micro movimientos), o de manera profunda a través del Ensueño y la Meditación.

El Rastreo convierte las experiencias ordinarias en un desafío propio del circo romano  y de esa manera uno se acecha a sí mismo, a sus hábitos y dependencias, a sus fantasías y  explosiones emocionales.  No se trata de evitar los contactos con la gente y huir a la montaña, sino de convertir estas interrelaciones en un desafío capaz de generar una enorme energía y acercarnos a los mundos alternativos, además de disolver nuestra historia personal.  Un rastreador abre sus sentidos al mundo y observa como un Testigo no implicado todo lo que sucede alrededor, tomando sus decisiones de acuerdo  con su percepción y de manera intuitiva.  Si tiene que acechar su ansia y vicio de fumar, observará con precisión las sensaciones corporales, cuándo se hace imperativo encender un cigarro, qué se siente cuando el humo entra en los pulmones, por qué causas se pospone  el mecanismo automático, el estado de ánimo antes y después de fumar, etc.  Y todo eso sin necesidad de estar lanzando invectivas contra el tabaco, ya que quedamos atados a todo lo que rechazamos.  La clave es tomar conciencia y darse cuenta de todo el proceso del fumar sin necesidad de consejos o de reacciones preconcebidas sobre su maldad intrínseca. El guerrero renuncia al lorito interno y al blablabla de la mente pensante, y se dedica a la observación desnuda de lo real…

 

2– Es imprescindible parar el mundo y detener la verborrea interna para mover el punto de encaje, además de encontrar soluciones creativas para  acabar con los gestos y acciones ordinarias que son los que sostienen al mundo conocido. Actuar sin ser guiado por el pensamiento, dejando el camino sólo a la observación. Aquí no se trata de viajes místicos, de vuelos a otras dimensiones, encuentro con animales de poder, o de burbujas luminosas rebotando por las calles, sino de la vida cotidiana convertida en oportunidad de abandonar las cadenas de la repetición y del hábito. Es el momento de reinventarnos de nuevo, de encontrar nuevas formas de manifestación que nos den más satisfacción, amor, alegría, que sean más creativas y nos mantengan jóvenes y  abiertos a lo nuevo.  Pero lo más increíble es que este acto de acecho se convierte en una fuerza desbordante e imparable cuando se relaciona con las demás personas que sólo respiran la polaridad de lo conocido, el lado derecho de la realidad. Creamos armonía en nuestra vida, acechando nuestras debilidades y excesos, hasta que finalmente conseguimos mover el punto de encaje lo suficiente para dejar una ventana abierta con el otro yo.

 

3– Por todo esto la Recapitulación se hace imprescindible para recuperar las energías invertidas en el pasado, para aligerar nuestra carga de historia personal, y especialmente para poder reunir el campo de la conciencia en este instante eterno. Todas las tradiciones reconocen que en el momento de la muerte o de una experiencia de disolución se recapitula el pasado a una enorme velocidad (personalmente he pasado tres veces por ese momento a lo largo de esta vida), pero sintiendo las emociones que hemos provocado en los demás y no las nuestras. Vivimos el dolor o la alegría de los otros y así podemos entender instantáneamente los frutos de nuestras acciones. La experiencia en si concede sobriedad e intensidad para el resto de nuestra vida, y demuestra que en ciertos momentos en que nos enchufamos a la Fuente es posible integrar muchas experiencias diversas en un espacio muy corto de tiempo. Pero por si fuera poco hay tradiciones que aseguran que después de esos momentos de intensa rememoración del pasado hay un estallido de conciencia total que precede a la muerte y se alcanza la libertad, de tal manera que podemos volar libremente por los mundos del alma sin la carga hasta ese momento omnipresente del ego. De aquí que sea tan importante la Recapitulación, estemos en el camino que estemos, que se presenta como un bálsamo universal capaz de limpiar nuestra sombra psíquica.

Esto coincide plenamente con el intercambio emocional de energías que se produce en cada suceso de nuestra vida, especialmente en los momentos de infancia, proyectando nuestras emociones a los demás y siendo impregnado por las suyas, especialmente en las situaciones emocionales explosivas.  No se trata de un juego mental sino de un proceso que implica al cuerpo entero, al sentimiento que llevamos impregnado en las células. Es un camino que no está compuesto por palabras e imágenes, sino que se manifiesta espontáneamente desde la memoria acumulada en nuestras articulaciones y en nuestros órganos.

 

4–Nuestro pasado es pura ilusión y está compuesto por retazos deshilvanados de vivencias y por opiniones personales añadidas a ellos, de tal manera que cuando contamos a nuestra madre alguno de los recuerdos que consideramos más importantes de nuestra vida casi siempre alucina con nosotros. Suelo poner el ejemplo de un bebé o niño pequeño enfermo que lleva tres días con una intensa gripe y tiene a su madre loca día y noche, todo el tiempo reclamando su presencia y sin dejarla dormir dignamente ni siquiera unas horas. En un momento determinado la mujer tiene ganas de ir al baño y ese es el momento que aprovecha el pequeño para darse un tremendo golpe contra uno de los barrotes de su cuna. Los gritos son espantosos y la madre tarda veinte o treinta segundos en estar otra vez a su lado mientras se limpia a todo correr, se levanta las bragas y sale disparada del baño después de tirar todo a su paso. Treinta años después cuando ya es adulto, al recordar esta experiencia su mente le dice que fue un niño abandonado y que su madre lo dejaba muchos ratos solo sin importarle lo que le pasaba (y eso cuando ella está demacrada y lleva tres días sin dormir). Esos veinte segundos se han convertido en horas y la sensación de soledad y de angustia son inconsolables, y llora y llora… Hasta que recapitulando es capaz de captar la realidad sin justificaciones ni proyecciones y comprende que todo es ilusión, recupera su angustia y su rechazo a la madre y devuelve la preocupación y el miedo que generaron en ella los gritos y el ahogo  del chaval. Así somos capaces de abandonar la obra de teatro que nos hemos montado para las justificaciones del ego, y acabamos reviviendo los sentimientos implicados sin fantasear ni proyectar. El recuerdo no es recapitulación , y en ésta la mente juega un papel de menor importancia, porque es el cuerpo el que recapitula y permite el acrecentamiento del nivel de conciencia. Y ¿ qué remover el pasado? porque todos los engramas  que han quedado pendientes influyen en este presente y están vivos aquí y ahora cortocircuitando nuestros deseos y debilitando nuestra voluntad. No importa que tu padre sea anciano o haya fallecido, el padre que importa tendrá siempre 30 años y lo llevas puesto encima… Y todas esas energías son las que determinan que algo sea posible o imposible para nosotros, haciendo hincapié en nuestra fortaleza y en nuestras debilidades.

 

5– Por tanto no se trata de ir al pasado sino de resolver situaciones que están vivas en este instante y me afectan sin remedio. Tengo un sin fin de chicles energéticos y de fibras luminosas que se quedan enganchadas a diversas situaciones a lo largo de la vida, anudadas a personas, situaciones, lugares, sentimientos… Y esta es la causa de que cuando quiero cambiar algo en mi vida no lo consigo, ya que esas fibras luminosas me inmovilizan en las rutinas de lo conocido. De tal manera que finalmente me enamoro siempre de diferentes rostros de la misma persona (siempre hay un tipo de pareja bien definida que expresa una cierta emoción de sumisión a lo masculino, de autonomía, de modernidad y ligereza, de estabilidad maternal, etc). He de encontrar las líneas básicas a través de las cuales se formó mi personalidad: los conjuros, limitaciones y promesas que establecí para defenderme de los miedos; he de  llegar a conocer como se formó la ilusión que creo ser ahora y disolver lo que siempre consideré que era real en mi y que se manifiesta como  una manera de aparentar ser alguien definido y estable.

La verdad es que no recordamos casi nada de nuestras vivencias en la otra realidad, olvidamos los sueños, difuminamos las meditaciones, borramos los recuerdos traumáticos de la infancia o juventud, no integramos las experiencias con sustancias, incluso aparece una niebla grisácea cuando intentamos activar las experiencias pasadas en la oscuridad de una cueva o en un retiro para solicitar la visión. Y luego nos extrañamos mucho cuando algún momento de estas vivencias acude a la memoria, como un recuerdo de infancia que siendo esencial habíamos olvidado por completo.  Es como si cada realidad tuviera sus propios almacenes de recuerdos y se mezclaran únicamente en momentos privilegiados, aunque buena parte de responsabilidad la tiene nuestro ego que intenta siempre amurallarse detrás del olvido de todo aquello que podría poner en peligro su concepción conservadora del mundo.

Los conjuros determinan que nunca más veremos rostros en las sombras, que nunca más lloraremos como una niña, que nunca más seremos antoñita la fantástica, que nunca más me acordaré de aquellos golpes que papa le daba a mamá, que nunca más me marearé en un viaje, que nunca más veré luces alrededor de los cuerpos o que nunca más sentiré que voy a salir a otros espacios de la conciencia.  Y todos estos conjuros están activos para siempre hasta que vayamos a desconectarlos, conociéndolos y haciéndoles frente de una vez. Hoy es necesario el llanto del hombre para abrir el corazón; es necesario dialogar con los guías o entidades angélicas que se destacaban en medio de la oscuridad de la noche y que por miedo convertimos en sombras demoníacas; es necesario salir más allá del cuerpo físico para conocer la realidad alternativa que nos permite la libertad; es necesario volver a visualizar o recuperar el doloroso recuerdo de esos golpes porque de otra manera siempre creeremos que nuestra madre nos ha destrozado la vida con sus lamentos…

 

6– Y gran parte de las situaciones traumáticas y extremadamente dolorosas de nuestra vida (graves enfermedades, separaciones violentas, muertes, violaciones, etc) dejan huellas en nuestro cuerpo luminoso, vaciándonos de energía a través de reacciones emocionales extremas y creando verdaderas heridas y amputaciones en la burbuja luminosa de la Forma Cristalina.  No sólo ayer o hace años nos dejaron sin energía sino que cada día se alimentan de nuestra fuerza y drenan nuestra integridad energética.  Especialmente esos choques y vacíos se sienten en la zona del plexo solar y del vientre, tanto cuando se levanta la tormenta de los celos o de la desconfianza, como en los momentos traumáticos de una separación no consentida. Cuando la pareja que se siente abandonada te considera un demonio que quiere destruir su vida, por puro temor al sufrimiento que se acerca al tener que cortar la dependencia que ha establecido contigo.  Entonces es capaz de estallidos de violencia sin límite (especialmente el hombre que se siente como un bebé al que ha abandonado su mamá, ya que la mujer siempre tiene detrás del padre a la madre, incluidas sus amigas, para poder ayudarle).  Y estas situaciones crean una sensación de falta de unidad  que se mantiene a lo largo de los años, como si hubiera sido amputado de un miembro.

La Recapitulación permite recuperar estos jirones de energía invertidos en situaciones emocionales del pasado que nos impiden ser completos en el presente, encadenándonos a lugares, personas o sentimientos y drenando completamente la fuerza que necesitamos para la vida interna. Al mismo tiempo podemos liberar todas aquellas huellas y plastones de energía que otras gentes han dejado en nuestro cuerpo luminoso y que aún hoy les sirven de surtidores gratuitos  a través de los cuales se suministran de fuerza vital estén donde estén. De aquí deriva el juego de las subpersonalidades psíquicas, por las que en algunos momentos actuamos como verdaderos clones  de papá o mamá, de nuestro ex o de quién peor se portó en la vida con nosotros.  Hemos dejado partes de nuestro ser por el camino y encima portamos  cada día partes del ser de otros que son la base de la Importancia personal.

 

7– La Recapitulación no es una técnica sino un hecho mágico basado en el Intento de recuperar nuestra integridad y en el trabajo cotidiano para conseguirlo. Por eso a lo largo de los treinta últimos años he desarrollado diferentes métodos basados en la meditación Vipassana; en la Observación de las llamas de una hoguera; en el Peregrinaje del Camino de Santiago; en los Ataúdes de madera que hemos utilizado largos años; en las Cabañas de Recapitulación y en las Cabañas de Oscuridad; en el trabajo alrededor de un Árbol centenario; en el Masaje catárquico o de recuerdo; en las danzas de Lateralidad y del trabajo sufi… E incluso es posible hacerlo a través de una larga serie de posturas yóguicas llevadas con mucha conciencia  y lentitud; en un trabajo respiratorio en parejas relacionado con las Iniciaciones Tántricas; o fijando la mirada en un punto durante largo tiempo.

Lo importante es comprender que lo mismo que puedes acercarte a través de técnicas al proceso meditativo, pero la meditación viene por sí misma sin que la puedas planificar, lo mismo pasa con la recapitulación. Puedes practicar cualquier acercamiento respiratorio, amoroso, de conciencia meditativa, de regresión al pasado, de liberación articular. Pero la Recapitulación verdadera que libera los engramas inscritos en diferentes partes del cuerpo y del siquismo es un regalo del Espíritu y llega sin avisar (a veces basta con ver a un viejo amigo, sentir una vieja angustia o sufrir un golpe imprevisto para que suceda espontáneamente) , aunque una vez que comienza su proceso suele presentarse de manera continua en cuanto nos ponemos al trabajo.

En cualquier caso es necesario realizar un Inventario al que dediquemos un considerable esfuerzo. Del presente al pasado, hasta el momento de nacer, vamos anotando todos los capítulos importantes que recordamos en nuestra vida. Son temas genéricos que luego hay que ir subdividiendo (las casas donde hemos vivido, los colegios por los que hemos pasado, los juguetes de cada época, los amigos más cercanos, los novios o las novias de cada etapa así como las relaciones sexuales mantenidas, los diferentes coches, los trabajos realizados o los libros escritos, las vacaciones y los viajes, las camas y lugares donde he dormido alguna vez, las diferentes mascotas vivas, los lugares poderosos a nivel natural que recordamos, las aficiones y los deportes, las Cajas o Bancos con los que hemos tramitado asuntos, las iglesias conocidas, las casas de los amigos, etc. Y luego hay que anotar cada una de las casas que vamos recordando y en cada una los sucesos básicos: la distribución de la casa, su decoración y la rememoración de mi cuarto; la relación con mis padres; visitantes asiduos y familia; problemas y enfermedades que se produjeron; relaciones con los amigos y el colegio; vecinos del inmueble; cumpleaños y celebraciones como Navidad, etc.  Y así vamos subdividiendo cada apartado anotando el nombre concreto de cada tío y de cada amigo de mis padres que pasaba por casa, de los que participaban excepcionalmente en las comidas del domingo, de los vecinos, de las visitas que recibían mis hermanos y de las mías propias. Y tratándose de casas ajenas que visité en el pasado pues voy anotando los componentes de la familia de mi amigo, su hermana especialmente; su habitación y las cosas con las que jugábamos; aquel día de la discusión tan fuerte de la que fui testigo cuando castigaron a mi amigo; una fiesta que nos montamos… Al final todo es muy concreto: merienda en el caserío de Urbasa, pinchazo de una rueda, me encuentro con Neo, agujetas al llegar, cena familiar, bronca con María… Así que al final (aunque el Inventario debe actualizarse después de cada recapitulación) hay unos pocos miles de situaciones que tenemos que respirar y liberar a lo largo de los meses, y la simple preparación de este mapa de carreteras de nuestra vida ya permite liberar muchas situaciones bloqueadas. Hoy se puede hacer una buena recapitulación en el periodo de un año de trabajo diario y entregado.

Pero ciertamente las tres primeras semanas se trata de recapitular lo que resulta más evidente que nos causa problemas, dejando una cierta libertad para saltar de un tema a otro hasta que integremos bien la técnica y aprendamos a seguir paso a paso las directrices del inventario. Los horizontes se expanden cada día y muchas cosas olvidadas suben a la superficie en cualquier momento, especialmente hechos dolorosos que hemos dejado de lado para evitar el sufrimiento que provocan (enviándolos así al inconsciente donde causan más daño aún, repercutiendo día y noche en nuestra vida).

 

8–  La Respiración es el soporte esencial del hecho meditativo. Y está precedida por un poderoso Intento de limpiar el pasado (dejando de alterar a otras gentes con nuestra energía emocional y de ser alterados por ellos en el presente) y volar hacia la libertad.

Se trata de adecuar el aliento a los dos hechos básicos de la liberación emocional: Devolver la energía de otras personas que llevamos con nosotros en algunos casos desde la infancia, y lo que es aún más importante, recuperar la energía que dejamos en los lugares, situaciones, personas y sentimientos en los que tuvimos experiencias emocionales fuertes.

a– En el capítulo “La limpieza del Espejo humeante” explico como los hombres recogen su energía inspirando profundamente por la nariz mientras mueven horizontalmente su cabeza de derecha a izquierda , mientras las mujeres lo hacen en la dirección contraria, con objeto de unir ambos hemisferios cerebrales y de crear un efecto–testigo semejante al de la danza de los derviches giradores cuando sienten que están inmóviles y es la sala la que gira sin descanso. El movimiento se hace lentamente, sin exagerar forzando la musculatura del cuello y llevando el aire a la parte alta de los pulmones. Pero más importante aún que esta pequeña diferencia hombre–mujer es la sensación al inhalar de que reabsorbemos y tiramos hacia nosotros de los filamentos de energía que dejamos en cada recuerdo o en cada persona recapitulada, especialmente en las situaciones que nos dejaron vacíos o incompletos, haciéndonos perder fuerza. Esta respiración exige una exhalación relajada, sea volviendo al punto de inicio con el movimiento inverso de cabeza o sea devolviendo la cabeza con el aire retenido a una posición frontal para expulsarlo soplando por la boca, hasta que al terminar la llevamos de nuevo a uno de los extremos para comenzar el siguiente ciclo. Este tipo de práctica es la base del proceso recapitulador y se realiza para comenzar una sesión, ya que ayuda a profundizar en el recuerdo.  Tiene que haber ritmo y no convertir el trabajo en un ejercicio catárquico de esos en los que prima la experiencia energética descontrolada y automática sobre la conciencia que ponemos en el aliento y la recuperación de energías.

b– La expulsión sería el proceso complementario de la inhalación, que trata de devolver la energía foránea que ha quedado atrapada en nuestro campo luminoso. Mientras que la inspiración recupera lo perdido, la expulsión devuelve lo que se nos ha quedado adherido a través del tiempo.  Se trata de soplar hacia el exterior los dolores físicos o psíquicos, los conjuros del pasado, las ataduras y dependencias, las huellas energéticas de los amantes en el vientre femenino o cualquier otra cosa que sintamos venir de fuera o a la que queramos despedir de nuestra vida.  Técnicamente todo se desarrolla como en el punto anterior. Los hombres inspiran lentamente moviendo la cabeza de derecha a izquierda, y cuando llega al extremo exhalamos lentamente el aire poniendo mucha conciencia en la liberación de toda atadura.  También se puede inspirar con la cabeza al frente y en retención llevar la cabeza al extremo izquierdo para expulsar lentamente hacia la derecha. Y de nuevo la cabeza al frente para inspirar… hasta que el cuerpo nos haga sentir que ya ha realizado su trabajo (cada vez es más fácil y más claro el confiar en esta sensación visceral de que una etapa se ha terminado provisionalmente). Si se hace necesaria más claridad en la visión, mayor nivel de energía disponible o más intensidad en los sentimientos, se puede dar una palmada como en el trabajo del Círculo de Sanación o realizar durante un rato (sin interferir con el trabajo) la respiración completa de Kundalini Kriya  ascendiendo y descendiendo por el canal central (sin mantras ni visualizaciones especiales).

 

9– Por último señalar algunos puntos sobre el lugar elegido para la recapitulación. Primero no se debe recapitular en presencia de niños (en el mismo cuarto) ni con alimentos situados a poca distancia del sujeto. Lo mejor es activar la Envoltura luminosa o Forma cristalina y al mismo tiempo formular nuestro intento de recapitulación, para limpiar el entorno al terminar la sesión con luz dorada que irradie desde el pecho. Tradicionalmente se construye una Caja de Recapitulación de madera muy pegada al cuerpo (sentados sobre un banquito de poco más de un palmo de altura con las rodillas levantadas) y así se sigue haciendo cuando se trata de un trabajo de varias semanas o un retiro intensivo de un mes como mínimo.  Especialmente si se realiza en la naturaleza que es lo más sano y adecuado. Luego al terminar el proceso de recapitulación la caja se quema con algunos recuerdos y fotos del pasado, siendo personal e intransferible, de tal manera que no haya varias personas trabajando en la misma caja.  También es posible realizar las prácticas cotidianas bajo el refugio del aura de un Árbol anciano (como ya he dicho necesita de un cuerpo emocional para evolucionar), si es posible siempre el mismo.

Pero en la vida común de las grandes ciudades el único lugar que tenemos disponible es una pequeña esquina en el cuarto de estar o en la habitación dormitorio. Entonces lo mejor es delimitar el espacio con un sari, una colcha hindú o algo semejante. Se agarra de la pared o del techo con un par de chinchetas  y un poco de hilo de pescar. Algo tan simple que se pueda montar y desmontar con facilidad o simplemente dejarlo durante unos meses marcando el sitio elegido. La idea es que nada más entrar y sentarnos en ese lugar, como un ritual, el proceso de recapitulación comience sin demora, de manera automática. Una vez más recordar la necesidad de programar el Cuerpo Luminoso para que limpie al fin de cada sesión todas las energías mal aspectadas y dispersas que hayamos podido dejar colgando en la habitación.

Los recuerdos debieran rememorarse en la línea de tiempo que va del presente al pasado, primero los más cercanos y luego hacia atrás. Y ni siquiera es importante que al comienzo utilicéis la memoria para recordar alguna situación, porque la recapitulación en sí misma sigue leyes ajenas a la lógica y nos hace pasar de los recuerdos ordinarios al juego de la libertad. Y como en segunda atención lo que importan son los detalles, a veces es necesario concentrarse en cosas aparentemente absurdas para activar el proceso: la ropa que llevaba, el lugar del encuentro, las cosas que me preocupaban antes de la experiencia, o  especialmente las sensaciones corporales que tenía en el pecho, la espalda, las piernas… Lo que cuenta como siempre es el sentimiento y las sensaciones. De esta manera vamos avanzando y utilizando los diferentes tipos de respiración para soltar filamentos ajenos, recuperar la energía perdida o disolver las viejas promesas estancadas. Si uno se duerme dentro del periodo de trabajo, tampoco es tan importante porque el proceso mueve las cosas más allá de la razón, lo esencial es volver al trabajo en cuanto uno despierte. En el otro extremo si se escuchan voces, se tienen visiones, diferentes olores, cambian las sensaciones corporales, nos tocan o nos llaman, tampoco hay que dejar llevar por el miedo, sino seguir respirando y considerar la situación como propia de la práctica, dejando que los sentimientos se manifiesten (llantos, risas…) aunque sin gran alboroto.

Las horas del amanecer y del anochecer son las mejores para la Recapitulación, donde también sirve la máxima taoísta: ‘El sabio está despierto mientras los demás duermen’. La verdad es que se trata más bien de la ensoñación y del mantenerse despierto dentro de los sueños, pero en cuanto el tonal de un pueblo o continente duerme hay muchas menos interferencias con el trabajo interno, así que es aconsejable siempre que sea posible recapitular de madrugada, dentro de las horas generales del sueño. Pero como esta situación no suele ser  común, lo mejor es adecuar el trabajo a las horas que nos deja libre el trabajo y los compromisos cotidianos.

 

10– Poco a poco aprendemos a no estar encasillados en ninguna concepción del mundo, a entrar en la locura controlada de quien no es arrastrado por los esquemas sociales pero mantiene en todo momento su sobriedad interna. Deja de ser normal pero no para entrar en la enfermedad mental, como sucede con los brotes esquizoides de quién hace saltar su ego y su mente en pedazos de manera autodestructiva, sino para transformarse a sí mismo de forma armoniosa, con una enorme disposición de energía y una capacidad fluida para reinventarse su manera de ser en cada circunstancia de la vida.

El arte de no enfermarse

Si no se quiere enfermar, hable de sus sentimientos.

Las emociones y sentimientos que están escondidos y reprimidos, terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna

Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerar,  compartir nuestra intimidad, nuestros secretos, y nuestros errores.

El diálogo, el hablar, la palabra, es un poderoso remedio y una excelente terapia.

 

Si no se quiere enfermar, tome decisiones.

La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia.

La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana está hecha de decisiones.

Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.

Si no se quiere enfermar, busque soluciones.

Las personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren la lamentación,la murmuración, y el pesimismo.

Es mejor encender un fósforo que lamentar la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe.

Somos lo que pensamos.

El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.

Si no se quiere enfermar, no viva de apariencias.

Quien esconde la realidad, finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, bonachón, etc., pero está acumulando toneladas de peso.

 

Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, y el dolor.

Si no se quiere enfermar, acéptese.

El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable.

Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores,  competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría, buen sentido y terapia.

 

Si no se quiere enfermar, confíe.

Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relacionamiento. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.

 

Si no se quiere enfermar, no viva siempre triste.

El buen humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”.

La alegría es salud y terapia.

 

Miyo

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