Extracto de Cabalgando el dragón del vientre. Emilio Fiel.

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Llevamos un dragón en nuestros hombros alimentado con el miedo de nuestras creencias,  limitaciones y represiones. Los ‘’no soy capaz”, los “debería”, y los “no lo soporto” le dan fuerza. Los “ahora no es el momento”, los “no hay otra alternativa”, los “estamos perdidos”, y los ‘esto es sólo un sueño irrealizable’ lo engordan monstruosamente y almacenan azufre en su boca para cebar el fuego abrasador de su aliento. Es él quien nos impone respeto por las barreras levantadas con anterioridad, mientras atravesamos diversas experiencias dolorosas. Representa a la jerarquía represora, a la rígida autoridad machista, y es el guardián de las buenas costumbres. Una y otra vez está queriendo derribar nuestra autoestima haciéndonos ver los continuos errores y afirmando que no damos la talla, que no servimos para nada. El dragón siempre secuestra a la doncella en su cueva, nuestra alma, y esconde un preciado tesoro con su aliento de fuego. La llave de la puerta es el miedo y la desesperación, desafíos que has de vencer antes de entrar en la cueva (el dragón siempre camina por las sendas del temor) o de otra manera será imposible que salgas cuerdo de tu encontronazo con él.

 

Cabalgando el dragón del vientre. Emilio Fiel

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