El amor es la vida misma, no se fabrica


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada cuerpo humano es una máquina orgánica (no mecánica) dirigida por la mente, excepto si el desarrollo espiritual es muy avanzado. Y mientras nos identificamos con el cuerpo, éste sabe emocionalmente que es nuestro reflejo esencial. El cerebro corporal, o el alma del cuerpo, crea una ilusión a través de los sentidos y excita los órganos sexuales en la búsqueda del placer. La mente social o tonal de los tiempos, la familia y la educación llevan a afirmar te amo, pero todo esto no ha dejado de ser un asunto orgánico que ha creado sensaciones placenteras (lo mismo si provocaran dolor), y está muy lejos del amor verdadero. La pareja se hace sentir placer el uno al otro, pero eso de hacer el amor es una locura muy alejada del sentimiento amoroso. El amor no se hace, ni siquiera nace o desaparece, y ningún ser elevado puede crearlo. No es posible agotarlo y eso que llamamos amor es más que un sentimiento teñido de alegría y bienestar.

Si uno de los dos abandona al otro, la sensación contraria se genera como reacción emocional de abandono, tristeza, sufrimiento, celos, enfado y hasta deseos de suicidio. Así pasamos de la maravilla al infierno, del amor al odio, y el ego insiste que todo esto es culpa del otro, de las circunstancias, de otra pareja, de la suegra, del trabajo… La cuestión es no asumir la propia responsabilidad en la vida. Y todo esto sucede porque seguimos creyendo que el amor es algo que fabricamos juntos, que alimentamos cada día, en vez de una fabricación del ego basada en el refinamiento de los sentidos. No hay más fuente de amor que el creador padre y madre, el espíritu santo, dios… Y si no estamos en contacto consciente con el ser superior, si no somos acariciados por el espíritu, no podemos recibir ni sentir amor. Sólo así se encenderá su corazón y podrá compartir ese amor con el ser amado, estableciendo una fusión de cuerpos y energías, de almas y de espíritu que les hará desaparecer como seres separados y los convertirá en uno.

La luz brilla en el amor y ese amor en el que ambos amantes desaparecen, esa unión sagrada canta las glorias del ser, divinizando el cuerpo físico. Los seres superiores de ambos al fundirse atraen el amor, dos se hacen uno, y el cuerpo físico se transforma en este contacto.

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2 Responses

  1. Rafael Santana

    Hola Emilio. Estoy encantado de leer tus reflexiones.
    Como dijo alguien, Dios es Amor y el Amor no condena ni salva… espera.

    Mientras recito la gran invocación siento la unión de todos los seres conectados entre si gracias a un sentimiento común… El Amor y el deseo de evolución para nuestro planeta y las Almas que la habitan.

    Por la energía de Dios que hay en mi interior yo doy paz yo doy luz yo doy amor a todos los seres de la creación.

    Un abrazo… hermano.

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