23 de Diciembre: El parchís del tiempo y del espacio

¿Queréis un buen adversario para vuestras batallas? Elegid el tiempo, que es uno de los monstruos ilusorios más potentes del mundo material. El tiempo nos hace perder de vista que nuestras almas son eternas y que la tierra es una escuela acelerada de aprendizaje. Las necesidades y deseos cotidianos nos envuelven y nos hacen creer que no hay otro objetivo por delante. Y allá vamos, corriendo sin descanso, saltando de un capricho a otro, o de una imperiosa necesidad a otra. Os aseguro que hemos de conquistar el tiempo antes de conquistar la muerte, que es la última batalla. Aunque cada día son menos los que se adscriben a la idea mundana de la muerte y más los que comprenden que es ella quien nos abre la puerta hacia el universo real, la que nos libera de las limitaciones y de las duras batallas por sobrevivir.

Tenemos que asumir que una parte de nuestro ser existe más allá del tiempo y de la muerte, que esta parte es consciente de la vida eterna y libre para siempre de toda limitación. Mientras tanto ¿cómo superar el engaño que promociona esta cultura de esclavos en la que malvivimos, y que nuestra conciencia ayuda a mantener con vida a través de sus creencias aprendidas? Si pensamos que un espejismo es real, nuestra atención le insufla temporalmente vida y aparece a nuestros ojos como algo objetivo y cierto. Lo irreal debe caer y sólo el ego teme a la muerte y cree en el tiempo y en el espacio. Fuera del cuerpo, el pasado y el futuro son asequibles con un pensamiento, pudiendo atravesar diez mil kilómetros en un instante.

La sensación de pérdida pertenece al ego, que siempre está angustiado pensando en que lo ilusorio está vivo y perderlo le empuja de cabeza al insoportable vacío de la nada. Toda la humanidad teme la muerte, y se aferra a lo que considera como la vida más evolucionada posible de alcanzar (la que se vende en los periódicos, los escaparates y la caja tonta), creyendo que si pierde esa ilusión desaparecerá para siempre.

Mientras tanto los seres conscientes de la humanidad están batallando contra esa peligrosa ilusión que mantiene a los hombres atados a su bolsillo y con una enorme bola de metal agarrada al pie, que lleva por nombre el miedo a la muerte. La muerte no es el final de nada (excepto de un amarre para los que se quedan) y además la muerte no equivale a la pérdida de un ser querido. Si una creencia o ilusión se disuelve en vuestra vida, ese proceso es idéntico al de la muerte. Las ganas de fumar o de beber han muerto y ahora estamos más fuertes y nuestra oscuridad brilla más, porque hemos pasado por la noche y hemos salido victoriosos.

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