21 de Diciembre: El miedo al vacío

 

La creación es una cualidad innata en el ser humano, un puente para atravesar el vacío del que venimos y que intentamos cruzar a lo largo de toda una vida. El ritmo de la existencia es un latido que resuena con el corazón de la tierra, nunca un tictac de un reloj artificial. El niño es parte del juego y su acto creador es gratuito. Pero luego llega la educación y ya lo único que le interesa es poseer, ser reconocido y acumular. Un adulto es la expresión de un niño adulterado, separado de su origen, cortado del acto creador, que se preocupa más por tener cosas que por ser. Así llega el aburrimiento, la falta de pasión por la vida. Llega la desidia, que es una respuesta provocada para llenar el horror vacui, el horror al vacío. Y ante ese miedo insoportable intentamos saturarlo todo de cosas y cumplir con el ideal burgués de la seguridad.

Sin embargo nadie recuerda ya que en la edad media existía la vía de los místicos y de los artistas, que se llamaba benedicto vacui, el vacío como fuente de inspiración. Un poco como el arte taoísta que parte del punto vacío y va completando la imagen sin perderlo nunca de vista. El no ser como origen de toda creación. Nadie puede poseer ni comercializar el vacío y por eso lo tememos. Sólo nos permitimos hacer lo que conocemos, repetir lo ya sabido. Y crear es abandonar las rutas marcadas y lanzarse a lo desconocido. Nadie puede usar la mente racional para ello, hay que saltar sin paracaídas. Todo parte de la capacidad de gratitud que hay en nuestra vida, gratitud por el hecho de estar vivo, simplemente, sin saber por qué. Incluso hay culturas que son destructivas sin entrar en guerra, porque no permiten que el ser humano llegue a su plenitud como espíritu encarnado. Lo convierten en un disminuido psíquico incapaz de afrontar su propia oscuridad y de experimentar profundamente el amor y la alegría.

No importa si fuimos creados por un dios lejano o fruto ilusorio de alguna casualidad cósmica. Incluso la cuestión de si dios existe o no es anodina, lo importante es que hoy nos medimos tan sólo por el poder adquisitivo, por el tener y no por el ser. Ni siquiera nos acordamos de esa grandeza tan descomunal que otorga sentido a la vida y a la muerte, poniéndonos en contacto con realidades inconmensurables, una presencia a la que llamamos dios.

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