13 de Diciembre: Soy la noche oscura ¿dígame?

 

Hay quien cree que una vez tocados por el dedo del espíritu todo va a ser fácil y maravilloso en la vida, pero no es así. Un momento de éxtasis o fusión es seguido por largas etapas de melancolía o de rutina ordinaria, mientras va fermentando el caldo de cultivo que la experiencia cumbre ha sembrado. Los momentos especiales son grabados en la memoria intemporal del alma, pero ésta tiene un camino eterno por recorrer. Por eso se hace necesaria la repetición, cercana en el tiempo, de un racimo de experiencias especiales, para que se establezca un puzzle de puntos brillantes que dejen ver el paisaje entero. La conciencia sigue y sigue creciendo y profundizando, hasta tal punto que todo lo que parece excepcional en un momento se vuelve muy pronto la manera ordinaria de vivir, transcendiendo y superando los picos más altos de nuestra cordillera sensorial.

Aunque parezca mentira, al espíritu-dios le basta la vida cotidiana para reconocer la evolución del alma, y no sabe distinguir las ceremonias sagradas de los platos de garbanzos, ni los toquiteos con tu novia de los padrenuestros. El objetivo de la vida, que todos buscamos hasta la saciedad, es simplemente vivirla, tanto como mecánicos, administrativos o jueces, cuanto como meditadores, canalizadores o sanadores. Cuando llegan los regalos del alma y la mente lógica se detiene, cuando sentimos la fusión con la naturaleza, el amor universal, y el éxtasis de sentirnos más allá de la cárcel corporal, todo parece nítido y el alma se llena de felicidad al entrar en una atmósfera más grande, sin límites autoimpuestos. Son faros en medio de la noche y la personalidad siente que hemos sido tocados por el dedo del espíritu, aunque el alma vive los momentos cumbre como algo ordinario, que recuerda vagamente. En la cuerda floja de la dualidad, el ego se agarra a sentirse especial, a ser un elegido y peca casi siempre de orgullo espiritual.

Cuando llega la crisis, la noche oscura, nos vemos obligados a mirar de nuevo hacia atrás, hacia lo que creíamos haber superado para siempre, y recoger allí algunas cualidades a las que no dimos importancia y que ahora necesitamos con urgencia. Todos hemos de pasar antes o después por esta experiencia ya que el alma tiene la función de unificarlo todo, y volverá una y otra vez hacia el pasado hasta que lo consigamos integrar con una sonrisa. Hay veces que todo parece encauzado desde hace vidas y es entonces cuando llega la difícil etapa de la noche oscura. De pronto sentimos una enorme agresividad, reprimida hasta el momento o aumentada por la creencia de que a nosotros no, porque ya somos el elegido o la elegida. Entonces la proyectamos contra los compañeros de camino o contra nosotros mismos, mientras la obra de teatro va desarrollándose alrededor. Es un peregrinaje ingrato que vale la pena emprender con buen ánimo y fortaleza en la divina presencia. La verdadera iniciación pasa siempre por esta etapa y es aquí donde muchos de los llamados buscadores dimiten, no soportan la dureza del peregrinaje por la soledad, la tristeza y el abandono. Sólo los de corazón de león siguen adelante a pesar de las dificultades y traspasan el velo de la última y más poderosa ilusión.

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