1 de Octubre: La mano y el ojo


Según trabajamos más y más en los sueños lúcidos, en el ensueño y en el viaje del alma, hay que reconocer que continuamente aparecen dificultades que obstaculizan el deseado progreso, dando la impresión de que giramos en círculos, hasta que la perspectiva del tiempo pone las cosas en su lugar y podemos contemplar los avances realizados. Uno de los instrumentos conocidos de la tradición tolteca es el llegar a verse las manos dentro del sueño (otra variante es contemplar una mano, luego el brazo entero, después el cuerpo sin cabeza y finalmente el cuerpo completo). Por este camino llegamos controlar el propio sueño, pudiendo realizar actos mágicos y viajes increíbles por otras dimensiones.

Un ejemplo sencillo es cuando despertamos en medio del sueño, sin abandonarlo, y nos sentimos fuera del cuerpo físico, en un cuerpo más sutil y luminoso, recorremos el cuarto y salimos a la calle para enfrentarnos con las maravillas del nagual. Este acto en sí mismo es un acto de voluntad muy poderoso y sucede en un tiempo compacto que no depende del reloj. Lo que quiero señalar es que la intensidad del ensueño, cuando podemos actuar con libertad dentro de él, produce alteraciones en nuestro cuerpo luminoso que son semejantes a las causadas por las sustancias psicotrópicas. Dejan un intenso cansancio y necesitamos recuperar las fuerzas a lo largo de los días sucesivos. Todo lo que sucede en sueños es tan real como la vida de vigilia e incluso no encontramos la manera de separar ambas experiencias. La pregunta sigue en pie ¿es posible compartir un sueño consciente con otros compañeros? Según la tradición de don Juan, que ya hemos comprobado repetidamente como cierta, basta con agarrar del brazo al compañero o compañera para que podamos soñar juntos y compartir un espacio semejante de conciencia. Y no faltan alternativas a esta acción, que son capaces de producir los mismos resultados. Esto permitiría la ensoñación colectiva dentro de un grupo de ensoñadores, aunque en la práctica son pocos los que pueden lograrlo, ya que sin razón aparente un buen número se queda descolgado de la experiencia. También señalar que las personas que parecen estar en una permanente crisis de locura son las que van más lejos (mueven más profundo su punto de encaje), y las que tienen viajes más increíbles, pero les cuesta mucho mantener la sobriedad emocional y compartir sus vivencias con los demás.

Por otro lado tanto en las experiencias de elevación de kundalini como en eso que se ha dado en llamar la pérdida de la forma humana, pronto aparece un ojo dorado delante de nosotros. Quizás sea como la grieta entre los mundos, pero básicamente es un puerta de paso hacia otras dimensiones, en la que hay que dejarse absorber para alcanzar estados de conciencia más profundos. ¿Y si el halo de santidad que rodea a las divinidades y santos de todas las tradiciones fuera sólo una expresión de esta frontera de paso?

Ese ojo llega a ser tan omnipresente que parece que nos conduce a la locura, porque vemos todo a través de él, convirtiéndose en el halo de la visión global. Una vez que todas las dificultades desaparecen y nos hacemos uno con el ojo, nos convertimos en él, hemos alcanzado la plenitud de nuestra iluminación o simplemente podemos salir en cualquier momento del cuerpo a voluntad, sin necesidad de preparación alguna y sin tener que tendernos boca arriba.

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