4 de Septiembre: La visión que guíe nuestras vidas

 

 

Comenzamos el encuentro de la búsqueda de la visión relacionada con la convocatoria del Triple Anillo. Cuatro días sin comer, ni beber, ni moverse prácticamente cerca de las Peñas de Herrera en el Moncayo (los veteranos se retiran durante siete, nueve o trece días en estas mismas circunstancias, acompañados por la ingestión de ciertas sustancias y frutas en esos mismos días que acabo de señalar). Llegué a Borja poco después de comer y tras una pequeña reunión sobre la organización de la finca y sus gentes, nos pusimos a desbrozar la zona cercana a la cascada del temazcalli. Abrimos el camino hasta el fresno centenario del extremo oeste de la finca. Y según fue llegando el grupo, de unas veinticinco personas, organizamos la primera charla de presentación y nos fuimos a encender la hoguera de las abuelitas.

Un poco de tabaco y copal, mucho viento y una hoguera con las piedras en forma piramidal para que las llamas no se eleven más de metro y medio. Luego dimos comienzo a la ceremonia de la ofrenda de nuestro sudor a la madrecita tierra. Desde la segunda entrada el calor apretaba fuerte y la ofrendita fue realizada por todos con entrega y alegría. Al finalizar, como es preceptivo con las brasas, los guardianes del fuego dibujaron en la tierra un águila, un corazón y un nahui ollin. Hacia las tres y media de la madrugada nos fuimos a dormir un rato ya que a las nueve teníamos que estar de marcha hacia las montañas navarras.

Meditamos en la sala y trabajamos con el hara, el eje central, la esfera del cuerpo luminoso y la meditación del instante en el vientre. Encendimos una lucecita en el Oratorio conchero, y cada uno definió su intento en la hoguera que los guardianes del fuego tenían preparada en el tipi, y que mantuvieron encendida hasta nuestro regreso de la montaña. Se habían preparado pequeñas botellas de un tercio de litro de agua con miel, polen y limón, para beber ante la dificultosa subida hasta el pie de las rocas. Finalmente emprendimos la marcha y en el camino nos encontramos un buitre joven recién caído con el ala rota (el viento suele ser tan fuerte que no calculan bien la resistencia y acaban golpeándose con los cortados).

Casi como un regalo de poder. Le sacamos las plumas y nos las pusimos en la cabeza para que su espíritu siga volando con nosotros. Más tarde lo subimos al monte para depositar su cuerpo en plena naturaleza y no en el camino general, más transitado, donde lo encontramos. La subida fue durilla como siempre, especialmente con una mochila al hombro y mucha cascajera. Nos dividimos en grupos y fuimos eligiendo cada uno nuestro lugar. Personalmente me instalo en la boca de una cueva donde ya estuve hace cuatro años. Hacia las tres de la tarde se retira el sol del cortado en el que nos encontramos, que está orientado en dirección sureste. Desde los diez primeros pasos me encuentro una cornamenta de corzo en la senda que vamos abriendo paso a paso. Un magnífico signo que nos guía hacia lo alto.

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2 Responses

  1. Reina Haber

    …gracias! Muy hermoso acompanarlos, es muy apreciado que nos permitas compartir estos valiosos momentos, seguimos pues aqui todos juntitos desde lejos…gracias!

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