3 de Septiembre: El perfume de la paz de corazón


La paz interna no es el descanso entre dos batallas o la ausencia de movimiento propia de un cementerio. Cada vez más, consideramos a la paz como un concepto que parece significar la no existencia de conflictos ni enfrentamientos, y por tanto es tan sólo una ilusión de la dualidad. La falta de algo no es real, y por tanto se hace necesario salir fuera de este tipo de conceptos que sólo crean confusión, incluso en los grandes encuentros de los llamados servidores del mundo o guerreros de luz. La capacidad para transmutar la oscuridad o lo negativo exige la posibilidad de entrar en ello sin negar su existencia, y este es el camino para lograr la verdadera armonía.

Metacuyé Oyasim, todo es mi familia, todo lo que respira en el universo (los árboles y las rocas también lo hacen) son mi verdadera familia. Estoy conectado con el universo entero y todas las personas que lo habitan. Quién logra vivir de esta manera es capaz de expandir alrededor suyo una energía de comprensión y de alegría, de sanación y de rejuvenecimiento. Su presencia en cualquier lugar es como una bendición, como un milagro sanador en las rutinas cotidianas de la vida. Se trata del poder verdadero de la existencia, de la transmisión de la paz y la armonía de corazón a corazón.

Cuando este tipo de seres se acercan a alguien, es como si a esta persona le cayera encima una tonelada de energías de cambio y comprensión. Está bien reunirse e invocar la paz, hacer ceremonias y rezar por ella, pero si tu corazón no ha alcanzado la verdadera unión o conciliación, el gesto se vuelve vacío porque no tiene continuidad en tu compromiso. Despierta la empatía por tus semejantes y resuena armoniosamente con sus necesidades profundas, con sus dificultades materiales, con su opresión, con su dolor por la pérdida, con su enfermedad, etc. Hay que ponerse en la piel mental del opresor, penetrar en las creencias de los que están en conflicto y entender que sólo un objetivo común de toda la humanidad para encontrar a otras civilizaciones estelares más evolucionadas podría crear el ambiente planetario para el fin de las guerras.

Cuando ellos lleguen (que somos nosotros pasado mañana, surfeando sobre las olas del tiempo para acudir en nuestra ayuda) todos los humanos nos uniremos sin remedio, al margen de diferencias religiosas o culturales, razas, sexo, edad… Los problemas sólo se resuelven cuando subimos el punto de observación por encima de la línea del problema y miramos en perspectiva. Para eso necesitamos elevar nuestra frecuencia vibratoria y salir fuera de la cárcel limitativa de las creencias, los hábitos y las necesidades, hasta englobar las creencias de los que están frente a nosotros. Sólo así se extenderá un puente sobre el abismo y se crearán filamentos que interconecten ambos mundos. Será el nacimiento de la corriente unitaria que es anterior a las divisiones de la dualidad.

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