16 de Abril: Cambio climático envasado



Todo está cambiando a gran velocidad, desde el clima a la actitud de las personas, y por doquier hay manifestaciones de cansancio y enfermedades depresivas. De quienes sólo desean estar aislados en su casa a los que revientan en estallidos inusuales de violencia doméstica, de los que se separan bruscamente de sus parejas e hijos a los que han entrado en una espiral de dependencia ante sustancias tóxicas.

La clave es que la pérdida del campo magnético terrestre nos descoloca por todas partes. Incluso está demostrado, a pesar de que ahora venda bien eso de la lucha contra el cambio climático, que los seres humanos tenemos poco que ver con el clima, la temperatura y los niveles de carbón del ciclo natural que estamos atravesando, y que en diferentes etapas de la evolución han estado cientos de veces más altos que actualmente. Los anillos de los árboles, las capas de hielo y el fondo de los lagos, revelan mediciones de los últimos miles y millones de años de la evolución. Mucho antes de que los seres humanos caminaran sobre la tierra ya existía el fenómeno del calentamiento global, así que el uso interesado de hacer culpables a las grandes corporaciones para que luego sean ellas las que nos salven de este fenómeno es totalmente absurdo, y demuestra que hay otros intereses detrás de tales afirmaciones, intereses a loi, ni las petroleras (o el uso de combustibles derivados del petróleo) son causantes del cambio climático, ya que aún sin seres humanos se produciría esta manifestación.

Es imprescindible luchar contra la polución del aire, del agua y de la tierra (insecticidas, anhídrido de carbono, abonos, compuestos químicos tóxicos, residuos radiactivos), pero el clima va por su lado porque está en función de ciclos planetarios y solares que no se quieren reconocer. Estas etapas ya han sucedido antes, pero nunca con un planeta habitado por más de seis mil millones de personas. Las grandes empresas dicen que somos nosotros y nuestros sistemas industriales y firman protocolos, dirigen grandes sumas de dinero a investigar medios paliativos, pero nunca se resuelve nada. La ciencia por el contrario afirma que somos ajenos al asunto.

Es parecido al agujero de ozono, que se cierra y se abre indiferente a las decisiones político económicas tomadas en los sillones de las organizaciones internacionales. Es decir que no está en nuestra mano dominar el planeta y mucho menos destruirlo, al margen de las infamias que cometemos contra esta maravillosa madre que nos protege. Estamos hablando de algo que está más allá de nuestras fuerzas, que nos trasciende como especie dominante (con permiso de los insectos). Sin duda destruimos la flora y la fauna, envenenamos el medio ambiente y hacemos enfermar a millones de gentes, expandimos el hambre y las epidemias, la pobreza y las guerras, pero podemos cambiar esta situación planetaria siempre que preguntemos a los que saben y no a los que ganan con las mentiras.

Acusar a nuestros hábitos y a las grandes corporaciones (que se esfuerzan en ayudar, polucionando a diestra y siniestra) del cambio climático es un buen negocio, pero se hace necesario comprender los ciclos más globales de evolución por los que estamos atravesando, como medio de limpieza psíquica de la mente planetaria. Las emociones y los pensamientos humanos pueden cambiar esto si son dirigidos adecuadamente, pero nunca lo harán mientras sigamos creyendo las falacias que nos venden las corporaciones de la oscuridad: ebola, sida, vacas locas, drogas duras, fiebre asiática, gripe aviar, armas de destrucción masiva, terrorismo que ellos mismos financian, control de vuelos, y un largo etc. Desde luego la ignorancia es un problema, pero el no querer enterarnos de la verdad es uno mucho más grande.

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