1 de Abril: El juicio como chaleco salvavidas en un incendio


El ego nace cuando nos sentimos separados del ser, cuando asumimos un gran error, que el espíritu o dios existe únicamente fuera de nosotros. Pero es imposible separarse del todo y caminar a solas. Hace eones, nos identificamos con el cuerpo, con el tiempo y el espacio, y rompimos la unidad del reino espiritual, con lo que nuestra mente dejo de experimentar la plenitud la perfección y la unicidad. En ese caos que surgió después, la mente asustada activó un flotador para estabilizarse en medio de la agitación del mar, intentando ordenar jerárquicamente las alucinaciones y espejismos presentes, y así comenzó el juicio. Poner orden en el caos fue una manera de reducir el miedo pero así el juicio se convirtió en obstáculo para la conciencia crística, que piensa sólo de manera unificada e impersonal.

La conciencia social intenta que aprendamos a juzgar de buena manera aprendiendo a distinguir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo, lo permitido de lo prohibido. De esta manera seremos ciudadanos dignos persiguiendo lo que es positivo y rechazando lo negativo. Pero la verdadera sabiduría es la comprensión de que ningún juicio personal puede ser justo y por tanto es necesario renunciar a emitirlo.

El juicio es siempre erróneo e ineficaz, es una auto defensa basada en el miedo, que el ego necesita para mantener la ilusión de que es él quien dirige nuestra vida. Se nos dice que pongamos alarmas, que tengamos armas para defendernos, que instalemos puertas de seguridad en la casa. Hay que ir rápido al médico ante cualquier síntoma y tomar medicamentos, tener seguros de todo tipo, y especialmente acumular bienes y dinero para asegurar el futuro. Pero en realidad el espíritu es invulnerable, nada ni nadie puede tocarlo ni dañarlo. En cuanto olvidamos nuestras creencias y separaciones: hombre o mujer, nacional o extranjero, de este equipo o de aquel otro, de derechas o de izquierdas, con dinero o sin dinero, joven o viejo… dejamos de ofendernos cuando atacan a ese grupo al que nos sentimos pertenecer, y entonces se acaban los juicios.

Si queremos verdadera seguridad, sólo es posible identificarse al todo, al espíritu, el resto es una auto defensa. Por eso hay que profundizar en el camino que nos permite desaprender todos esos conceptos limitativos, perdonar a quienes se han cruzado en nuestro camino con historias en las que nos hemos implicado, y especialmente recordar el ser que somos.

Cuando hay dudas el espíritu sabe y nos envía señales de su decisión, pero no existe algo así como el camino bueno y el camino malo. Dios no conoce el juicio. Simplemente hay que escuchar la elección que hacemos en la paz del corazón, que es siempre ajena a la mente. No se mueve por intereses ni ambiciones, ni tiene que corregir errores pasados, simplemente elige lo que es el camino más directo para realizar el destino que tu alma ha elegido, cualquiera que sea.

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