21 de Marzo: Inmortalidad es vivir el instante


El pasado debe partir, así que nadie debe preocuparse de las nieblas que van rodeándolo en nuestra memoria, como si se tratara de la película dolorosa de una vida anterior que sólo recordamos entre brumas. Hay que sanar y liberar todo el pasado, abandonando nuestros morbosos deseos de encontrar razones para todo lo que hacemos y causas escondidas en las ruinas del tiempo. Las desarmonías de nuestra historia no pueden sobrevivir a las energías diamantinas del creador que nos están llegando, y cuya misión es transmutar las energías físicas distorsionadas y las alteraciones del aura. Todo cambiará, por dentro y por fuera, y aunque sea mucha la oscuridad acumulada en pasados siglos, en muy pocos años hemos progresado lo impensable.

Hasta una época muy reciente nuestra realidad estaba determinada por patrones de cuarta dimensión en los que las creencias, miedos y las acciones realizadas eran los ladrillos básicos de nuestro estado de conciencia. En ese mundo estaban presentes todos aquellos con los que compartíamos la existencia, gentes de nuestra etnia, de nuestras creencias, con las mismas reglas tradicionales de la cultura general. Gente movida por los mismos límites de temor, de culpa, de agresividad, de pobreza, de no ser dignos de nada mejor que la dura realidad presente. Así cada uno busca en los demás lo que le complementa y que aún no puede manifestar en la vida, además de evitar a los seres de frecuencia más elevada que le resultan incómodos e incomprensibles.

Según elevamos nuestra tasa vibratoria van quedando atrás situaciones, amistades y problemas que no pueden existir en el nuevo nivel de resonancia y conciencia. Todo cambia, los amigos y el trabajo, el lugar donde vivimos y hasta las aficiones. Estamos perdiendo familiares y abriéndonos a nuevos desafíos. Cada día tememos menos al cambio y retomamos nuestro contacto con la fuente de poder de la creación. Y como este universo no contiene la plena conciencia del creador, sin ser por ello oscuro o demoníaco, vamos avanzando en el camino de la reintegración planetaria. Una luz pura se infiltra en cada universo desde el sol central para que cada chispa divina pueda retornar a su contacto directo con el espíritu.

Tan sólo hay que elevar la tasa vibratoria hasta un cierto nivel para poder recibir estas partículas diamantinas de la luz de dios, que debemos activar a través del amor incondicional del corazón. Hemos de ir recuperando y liberando las facetas de nosotros mismos que fuimos dejando atrás, al descender por las diferentes dimensiones hasta alcanzar la suficiente densidad en la vida física, y en el camino habrá que abandonar a personas y situaciones que ya no sirven en la siguiente etapa.

Hay pirámides de luz en todas las dimensiones y, mientras nos preparamos para caminar por las ciudades etéreas de sexta dimensión, accedemos a la posibilidad de encontrar a nuestra familia de luz entrando en su interior. También introducimos en la pirámide todos los proyectos que queramos realizar y dentro de ella nos conectamos con el mundo angélico y con los guías personales.

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