17 de Marzo: Las pruebas del dios verdadero


Cuando los hombres y mujeres recibidos en una tradición, o que simplemente forman parte de ella por nacimiento, se reúnen para realizar una ceremonia común, los espíritus ancianos y las ánimas liberadas de ese linaje se hacen presentes desde lo invisible para ayudar a su gente.

En la llamada petición de permiso de las tradiciones indígenas se invoca al gran espíritu y a la madre tierra, con la intención de pedirles licencia y también de solicitar su presencia viva en el ritual. La oración se hace en círculo o en columnas (enfilados hacia el altar sagrado), porque de estas dos maneras las fuerzas se condensan, sea en una espiral encima de nosotros o como una punta de flecha hacia el centro elegido, desde el que esa enorme energía se proyecta en todas direcciones. Pedimos al espíritu que su aliento nos guíe a través del sendero rojo del amor, y que encauce las fuerzas que vamos a poner en movimiento entre todos los que participamos, de tal manera que produzcan el mayor bien a todos los implicados y a la madre tierra.

Cuando llegó el tiempo de los conflictos y la separación, los dioses fueron expulsados al cielo y sus avatares caminaron entre los mortales. La magia se volvió impredecible e incontrolable, y surgió mucho fanatismo religioso entre gentes que afirmaban haber visto a sus deidades, o por lo menos la luz y la verdad de su presencia. Desde luego que tenemos que alegrarnos por aquellos que encontraron el gozo de la guía espiritual, pero ¿no es verdad que la fe nace en el corazón y no se otorga como una prueba tangible? Si es que necesitas la prueba palpable de la existencia de un dios, entonces tu espiritualidad queda reducida a la materialidad de los sentidos, a la lógica.

Yo mismo he conectado varias veces con las manifestaciones de la diosa, pero eso no debe engañarme sobre el hecho de que no hay que identificar las maravillas naturales, las sincronicidades milagrosas, los animales míticos, el rayo entrando por la frente, las tormentas de nieve o el parpadeo de las estrellas en la noche con la manifestación directa del espíritu dios/diosa. La presencia de seres divinos menoscaba nuestra fe y la trascendencia que conlleva, ya que si los dioses fueran tan asequibles nosotros nos convertiríamos en ganado y dejaríamos la aventura de la verdad y la libertad en sus manos. La guía está ahí, en el aliento de nuestro corazón, y si tenemos necesidad de avatares para continuar el camino es que somos dignos de lástima.

La magia y el misterio que he sido capaz de tocar y ver en algunas experiencias de la vida surge del corazón, y seguimos los preceptos de estas presencias increíbles porque son los nuestros, están basados en mi propia conciencia. Los caminos de los dioses benignos son todos semejantes, y los de los dioses malignos son todos interesados en el poder y el beneficio material, puro egoísmo carente de toda espiritualidad. Magníficos en su poder mundano y vacíos espiritualmente por dentro, sin amor ni alegría. Acepto vuestras creencias sin juicio, pero no me habléis de avatares, no me mostréis la prueba de que el vuestro es el verdadero dios, porque escuchando lo que guarda mi corazón, esa evidencia tangible está de más…

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1 Response

  1. La primera ves que te escuché fue hace unos meses, en el “Espacio en Blanco”, de ahí me vine a esta web con la que me haces, hacéis, reflexionar sobre muchas, mucísimas, cosas a la vez que me ayudais en la búsqueda.
    Un saludo a todos los que pasen por aquí y en especial para ti.

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