9 de Marzo: Droga dura en la música pop


El arte y las nuevas técnicas han de ser aplicadas creativamente de mil maneras en la ciencia curativa. De esta manera los artistas (músicos, danzantes, pintores…) se harán más conscientes de su arte y de las frecuencias vibratorias que irradian de su creación. En la nueva energía todo ha de convertirse en un camino de sanación. Retornamos al principio de los tiempos en que la música de los cantos chamánicos se utilizaba para curar, para hacer un viaje espiritual o para encontrar respuestas mágicas a problemas de la vida ordinaria. Hoy sin embargo podemos afirmar sin dudarlo que hay algunas músicas comerciales, o aún promocionadas por las grandes multinacionales, que hacen enfermar a la gente, que excitan su agresividad o que densifican tanto su pensamiento que les conducen a situaciones impensables para ellos en un estado de conciencia lúcida. Y esta música creada para alterar y someter la conciencia de los demás, se ofrece a los adolescentes sin ninguna restricción en cualquier cadena radiofónica o televisiva.

La música penetra bien profundo en nuestro ser, y si transmite emociones que causan depresión, agitación o rebeldía, se puede decir sin temor a errar que actúa como la magia negra. En estos casos, gracias a dios todavía no demasiado abundantes, la música opera como una sustancia psicoactiva. Si encima las letras de las canciones no contienen visiones positivas del mundo, sino que giran alrededor de la traición, de la falta de amor, de la angustia de la separación, del conflicto y el rencor contra la ex pareja, del desencanto por la manera de ser de los demás, del caos y la venganza… nos encontramos frente a un tema de enorme importancia en la educación actual.

Ya no se realizan músicas con el contraste del cierre y la apertura del corazón, de lo íntimo y la exteriorización de los sentimientos, de lo triste dando paso a la comprensión y la alegría. Cada vez más los tonos lúgubres predominan, los lamentos atontan, la frecuencia constante del rencor o la tristeza estancan la mente, creando emociones secundarias que desequilibran la personalidad de los jóvenes. Miles de canciones emitiendo un sin ti no puedo vivir, me has engañado, me prometiste amor eterno, nunca encontrarás a nadie como yo, mi vida ya no tiene sentido, y un sin fin de tonterías semejantes con la sempiterna cantinela de la angustia en las relaciones de pareja.

Es hora de hacer frente a todo esto y crear canciones de sanación, que serenen nuestro corazón, que canten a la libertad que cada separación abre ante nosotros para avanzar un paso más en el amor incondicional, que expresen confianza en la vida y en los sagrados misterios del juego amoroso y de la amistad profunda.

No hay que olvidar que tanto en el sueño como en la vigilia pasamos por etapas de hora y media en las que atravesamos un biorritmo que va desde las ondas theta de meditación profunda hasta las ondas beta de trabajo activo. Estas etapas se alteran por el nerviosismo del estrés, por la música que agita la conciencia o por el ruido del entorno. De esa manera la etapa pasiva del cerebro (ondas alfa y delta) resulta estimulada artificialmente por medio del tabaco, del alcohol y otras drogas, de las discusiones o preocupaciones, del ruido y de la música desequilibrante, para conseguir que nuestro rendimiento mental aumente, sin respetar los ritmos naturales.

Para recuperar los ritmos cerebrales naturales existen varios medios como la música hemisinc, el escuchar una frecuencia de 440 hz por un oído y 410 hz por el otro, o el descansar varios días en el silencio de una cueva o en medio de la propia naturaleza, un bosque por ejemplo, de manera semejante a la búsqueda de la visión en lo alto de una montaña.

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