8 de Marzo: Culpable por existir


La culpa
ha polucionado todas las relaciones humanas y por ella, en su cultivo religioso y social, el mundo dejó de ser un lugar armonioso donde la naturaleza vegetal y animal convivían en plena alianza con el ser humano, donde se valoraban las diferencias de cada especie.

La culpa se ha convertido en un instrumento de dependencia y dominación, y se pasa de unos a otros sin el menor reparo, especialmente en el mundo político. Sin embargo nadie ha podido ver el rostro de la culpa cara a cara, ni ha encontrado sus huellas en el adn, a pesar de que no pasa un solo día sin que nos echen la culpa de algo o sin que culpemos a alguien de eso mismo. Mientras estoy aquí escribiendo hay que reconocer que el regalo mayor de la culpa es simplemente no sentirla ni asumirla, así no nos veremos obligados a proyectarla sobre los demás (extranjeros, jefes, curas, padres o hijos, gobierno, ex parejas, dios, etc). Porque cuando arrojamos la culpa al exterior es un índice indiscutible de que la llevamos dentro.

Por ejemplo los sionistas se empeñan en proyectar la culpa del holocausto sobre los alemanes, los austriacos o los suizos, para con su chantaje moral y económico mantener al ejército más moderno y violento del planeta. Los sacerdotes la proyectan sobre los no creyentes o la gente pecadora que no cumple las normas o mandamientos, y de esta manera mantienen su estatus de intermediarios de dios… Pero nunca es bueno cargar con la culpa porque agota nuestra energía. En lo general no somos culpables, pero sí responsables, de nuestras acciones en lo cotidiano. A largo plazo, todo lo que sucede es para bien y permite acelerar nuestros procesos de aprendizaje, pero mientras estamos inmersos en los problemas a corto plazo, las cosas se hacen difíciles y nos cuesta salir del laberinto de proyectar la culpabilidad sobre terceros. Responsabilidad significa habilidad para dar una respuesta con ingenio y discreción. Así que mientras la culpa nos mantiene maniatados, la responsabilidad nos otorga libertad.

Hay que dejar de machacarse y auto castigarse con el hecho de sentirse pecador o culpable de todos los aparentes errores que nos encontramos por el camino, porque de esa manera quedamos impotentes para seguir actuando y neutralizar los efectos que estos errores hayan podido causar. El que se culpabiliza culpabiliza a los demás y extiende la epidemia por el mundo. Quien es responsable determina su propio destino, corre los riesgos que considera necesarios y vive intensamente cada una de las experiencias de la vida. Ni niega sus compromisos señalando a otros, ni toma sobre sí cargas que no le corresponden.

Basta ya de gentes culpables, que acaban convocando siempre la violencia fundamentalista, y apoyemos el ser cada día más responsables, para saber dirigir con autonomía cualquier proyecto.

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