17 de Febrero: Sólo la felicidad atempera el poder


He llegado a la comprensión de que permitir que gentes que no son felices asuman cargos de poder es un error que tarde o temprano acabamos pagando todos. Hay personas que proyectan en sus trabajos internos y ceremoniales toda la necesidad de reconocimiento y de afectividad que tienen en sus vidas cotidianas. Con lo cual acaban mostrando actitudes tiránicas de poder y de control, rigideces y malos gestos cada vez que alguien se sale de la norma y manifiesta un poco de libertad o de alegría. Se refugian en los cargos de control y hacen de ellos torreones blindados, siendo difícil alejarles de allí sin crear un conflicto de intereses y una sensación egótica de rechazo por falta de reconocimiento. Y en este caso no estoy hablando de hombres, más sensibles en la nueva conciencia a las trampas del poder, sino de mujeres que acaban de entrar en el juego de la dirección de grupos.

Sin embargo no es fácil construir un felizómetro y tenerlo disponible en cada caso, porque el hecho es más bien subjetivo. Otro de los temas que se hace imprescindible resolver, es que los veteranos lo sean de verdad y pasen de proyectar responsabilidades sobre terceras personas. Han de aceptar que si no soportamos a alguien, o consideramos a esa persona densa y malintencionada, es siempre porque refleja algo de nosotros mismos que no queremos mirar de cara. Ya vale de comportarse como niños y afirmar sin vergüenza que si esa persona está allí yo no acudiré, porque me alteran sus bajas vibraciones y sus intereses egoístas. Cuando hay que cumplir, hay que cumplir, y todo lo demás está de sobra.

Los compromisos con el círculo, las ceremonias por la sanación de la tierra, las danzas de energía y transformación, necesitan nuestra participación consciente al margen de nuestros gustos y disgustos. Y la enseñanza de las tradiciones es unánime al insistir en que, al reunirnos personas muy diferentes, vamos creciendo y evolucionando, con distintos niveles de conciencia y fuerza. Incluso aunque estas gentes estén francamente enfrentadas, han de saber reunir en un momento sus mutuas energías en un destino y objetivo común.

Repito, es el momento de poder confiar en algunos compadres o comadres cercanos, que no van a quedar tumbadas por una discusión que surja en su camino, ni por un aparente roce con algún 333 asistente, personas en las que se pueda confiar que no van a caer en los juegos del ego, en las ofensas y en las decisiones de corta y rasga: ¡pues ahora me voy!

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2 Responses

  1. lacasaenrojo

    Unas preguntas:

    ¿Cuando se va ha acabar la guerra de sexos?

    ¿Cuando las mujeres que tienen y ostentan poder van ha dejar de ser juzgadas?, se equivoquen o acierten.

    ¿Cuando se van a poder dejar de justificar?

    ¿Que les pasa a los hombres ante una mujer que tiene poder no lo reprime y exige su posición natural?

    Todos somos iguales, a veces acertamos, a veces nos equivocamos, siempre aprendemos.
    A veces mandamos a veces servimos. A veces somos hombres, a veces mujeres.
    Todos felices juguemos a lo que juguemos.

  2. Baraka

    Personalmente que no hay génerosmás o menos propensos a ello, la sociedad en gneral está siendo educada para proyectar y hacerse responsable de si mismo cada individuo, la fragmentación, por otro lado no ayuda a ver que estamos proyectando y no responsabilizándonos, caemos en las tentaciones de la rabia y el miedo con un soplo y no tiene que ver con nuestro género sino con los años y siglos de educación para ello.
    Nos indignamos cuando el de al lado decide algo distinto aunque en principio compartamos sensibilidades, todo lo distinto nos ofende, por cercano, por lejano.
    Y nadie parecemos entender el único concepto necesario y válido para este tiempo, que Solo el Amor importa, lo demás es comentario.

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