13 de Febrero: El dios y el demonio


La dualidad no es lo opuesto a la divinidad, sino que está a su servicio y le sirve como desequilibrio. La oscuridad más negra está en nosotros, lo mismo que la chispa divina más luminosa, y nos acompaña hasta el fin de nuestros días en este cuerpo. Es la sombra de nuestra dualidad y la dualidad ha sido creada por nosotros como aprendizaje en esta tierra. No la traemos al nacer sino que la aprendemos aquí, que es el circo donde se desarrolla esta experiencia. Venimos a equilibrar la oscuridad con la luz, como una prueba del alma que hay que pasar con notable alto.

Cada uno debe decidir por sí mismo si quiere entrar en las creencias de otros o valerse de su guía interior. Dejando al margen las religiones y los dogmas que nos dicen qué es lo bueno o lo malo, ha comenzado una nueva era en la que ya no descansamos en lo externo ni en el vagón de la historia o el olimpo de los dioses. Es el momento de conocer la verdad que palpita en nuestros corazones. Al llegar a la tierra nos encontramos con algo nuevo, pero esta dualidad no sólo no es una trampa destructiva sino un trampolín para algo increíble. Gracias a ella han existido las religiones, los dioses, las culturas, la magia, en resumen: el camino que la humanidad ha recorrido entre la oscuridad y la luz, basado siempre en su capacidad para elegir entre lo bueno y lo malo.

Se habla de una lucha en el cielo entre los ángeles buenos y los malos, aunque la verdad es que sólo sucedió en el mundo de la dualidad, en la tierra, porque los ángeles no luchan ni conocen el poder. No existe algo como el cielo y es difícil que lucifer cayera de allí y perdiera su corona de esmeraldas, pero así dice la tradición bíblica. En las dimensiones plurales sólo existe el hogar, que no es un lugar sino un estado de conciencia, una frecuencia de energía interdimensional y sin tiempo. Sin embargo parece que lucifer creó un lugar, el infierno, donde iremos todos por malos y por desobedecer los mandamientos creados por políticos ávidos de control. No es difícil darse cuenta que sólo el ser humano es capaz de pensar así, pero que dios, sea lo que sea, está muy alejado de estos asuntos de la propiedad y del castigo, y aún más del sufrimiento eterno.

Basta ya de atribuir todo lo bueno que nos sucede a dios y todo lo malo al demonio que nos engaña. Lucifer nunca ha existido más que en la mente enferma del sacerdocio. Hay más de mil religiones en el planeta y cada una es distinta y elige unos principios diferentes para servir a lo divino. Pero de cualquier manera ellos, dios y el demonio, son los responsables de todo lo que pasa. ¡Así el ser humano no es responsable de nada! ¿A qué suena esto? A creación de la mente humana, desde luego…

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