¿Se paga un precio por el amor?


Hola Miyo.

No sabría por donde empezar, ni quisiera parecer una víctima de la felicidad ni del amor; tan solo me creo víctima de mis propias decisiones y con ello una no-sana actitud sobre mí misma.

Podría empezar partiendo de este momento presente, a mis 42 años, divorciada y con 2 hijos (19 y 16), con todo un recorrido en yoga, reiki, constelaciones, ensoñaciones, recapitulaciones (de tu mano) y un largo etc… Me llegó el amor, ése que se retoma después de 20 años, ese primer amor volvió. Lleno de fuerza, confianza, lealtad, complicidad y sobre todo respeto. Pero para seguir a esa felicidad que el universo me puso delante tenía que desplazarme a unos cuantos km de mi pueblo natal (160km), ello supuso dejarlo todo y empezar de cero, mis hijos decidieron quedarse pues no querían romper sus vínculos de amistades, mis padres y hermanos el reproche de abandonar a mis hijos (están con el padre) y yo con esa seguiridad guerrera, batallando esta guerra en silencio por no ser escuchada, ni comprendida… decido seguir a mi vocecita interior (en el pueblo estaba todo hecho, vivía con mis padres y mis hijos con su padre).

Mi pareja y yo decidimos traer un hijo a este mundo, que fuese fruto del amor que sentimos y la semilla se depositó en mi vientre (más felicidad para nosotros y para nuestros hijos, estaban felices), pero esta alma a los cinco meses de gestación decide irse. Mi ignorancia como humana me hace conectar con la tristeza, la impotencia y algunas emociones más negativas, ahí es donde siento que la felicidad y el amor tienen un precio. Mi intención no era llenar el vacío de mis hijos, sino construir una familia en la que todos fuesemos uno. Mi pregunta es si de verdad ¿se paga un precio?

Con cariño
Carmen

P.D. Quería felicitarte por el blog, es magnífico, muy rico en información.

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Saludos Carmen:

El único camino que nos queda ante la complejidad y las sinuosidades que nos plantea la vida, y especialmente en el tema mágico e incontrolable del amor, es seguir esa vocecita del corazón. Sin duda que ante cualquier decisión hay muertos y heridos, gentes que se sienten defraudadas o engañadas porque seamos capaces de seguir nuestra senda al margen de los convencionalismos sociales. Por eso hay que intentar mantener la sobriedad, la firmeza y hacer las cosas con cariño y claridad. Si no seguimos las huellas del amor, ¿qué valor tendrá lo que hagamos para mantener el vínculo y la responsabilidad familiar? Así que tomaste tu decisión y emprendiste una ruta nueva, con más alegría y entrega que antes.

Luego estás embarazada y pierdes a la criatura, lo interpretas como un castigo. En algún lugar recóndito de tu cabeza las creencias tradicionales murmuran que abandonar a la familia no está bien y que pagarás por ello. Y ahora en vez de convertir un suceso que está fuera de tu dominio en un acto amoroso, todo son oscuridades proyectadas, impotencia y rebelión contra el cielo. NO pudiendo controlar los sucesos que se manifiestan cada día en nuestra vida, la única libertad que tenemos es la actitud con la que lo afrontamos. La manera de tomarnos lo que viene desde el corazón o desde la cabeza. Únete al alma que no llegó a encarnar, agradécele por haber llevado su cuerpito unos meses dentro, asegúrale que si ha sido un fallo corporal la próxima vez estarás más preparada (o si ya no es posible otra vez, que se aparezca en tus sueños como un aliado de la otra orilla), entrégale tu amor y continúa tu vida. Antes de llevarlo en tu tripa eras feliz, cuando lo llevabas eras feliz, ahora se ha ido ¿en qué ha cambiado todo? ¿Dónde está la pérdida? Sólo en tus fantasías y en las proyecciones que has hecho. No hay precio que pagar por ninguna decisión que un dios encarnado en cuerpo humano tome sobre la Tierra, pero cuando no asumimos nuestra divinidad, entonces recurrimos al dios externo, al karma, a la mala suerte, al destino, o al mal fario. Ningún karma que no nazca en nuestra mente confusa, ningún pago cuando nuestra alma sonríe pase lo que pase (ahora sí, ahora no), pero si estás decidida a castigarte entonces lo que era una bendición (un hijo) se va a convertir en una maldición que destruya vuestro amor. Tú decides.

Un cariñoso abrazo y mucha fuerza y comprensión para ti.

Miyo

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