La Masculinidad creativa y consciente [3 de 3]

[…viene de la segunda parte.]

5- Mi mamá me mima (aunque para ello me tenga que castrar en nombre del amor):
Si el joven no se separa de su madre para caminar en pos de su padre (desarrollar la personalidad), será imposible que se identifique con el poder masculino. Después de la mayoría de edad el hijo tiene que alejarse de la madre si quiere crecer. Tiene que ser hombre, renunciar a lo femenino interno, y esperar que llegue a través de la relación con otra mujer (distinta de la madre), estableciendo un vínculo intenso y quizás duradero de pareja. En este encuentro (a veces encontronazo), el hombre entrega su fuerza masculina y la mujer la femenina, que deben estar recargadas y potentes por el vínculo del hombre con los hombres y de la mujer con las mujeres. Por eso hay que encontrar espacios donde los hombres compartan entre sí con el corazón abierto y sintiéndose apoyados por otros hombres, lo que eleva la frecuencia masculina en todos los participantes. Ya no es el tiempo en que cualquier mezcla de energía masculinas y femeninas en una persona era visto como una degeneración a perseguir socialmente. Todo fluye con más naturalidad y ligereza.

Y ¿qué cualidades disfrutan cada una de las polaridades? Lo masculino tiene que ver con la serenidad, el propósito, la perseverancia, la voluntad y la disciplina, la sobriedad emocional, el valor, la racionalidad, la capacidad de decisión y de poner límites, la sexualidad y el poder personal,. Lo femenino se irradia desde el sentimiento, la capacidad de entrega y disolución en el amor, la creatividad, la sensibilidad, los afectos, la intuición, el perdón, la ternura y la generosidad. El equilibrio de polaridades en ambos sexos da como fruto hombres y mujeres más íntegras y capaces de vivir plenamente las oportunidades que les presenta la vida, además de materializar sus propios sueños. Todas las cualidades descritas están disponibles en cada momento, de uno y otro lado, para el hombre y la mujer que han integrado su complemento. Y esto no es tan fácil hoy en día en que los más puros machos tienen cuerpo de mujer y los hombretones se deshacen por los caminos de la dependencia materna. El resultado es una verdadera enfermedad social, debido al desequilibrio de polos. Y a su lado no faltan mujeres hipersensibles, que no saben decir no, llenas de culpabilidad y con muy baja autoestima, llorosas, llenas de miedo y dependientes, que se dejan avasallar por lo masculino y que incluso sufren de malos tratos sin tener nunca fuerzas suficientes para acabar con esta situación. Creando relaciones complicadas con sus hijos, con su pareja, con la vida misma. En el otro extremo están los adolescentes inmaduros y caprichosos, desconectados de sus emociones, duros, ultra racionales, que se vuelven fanáticos de sus creencias o agresivos con las que creen ser sus verdades, llenos de pasión por el éxito y siempre cabreados por no alcanzar el puesto número uno.

Unas se congelan en sus miedos, su culpa, su tristeza y sus sensaciones de rechazo. Y otros se queman en sus ataques de cólera, acumulan rencor en sus articulaciones, explotan de celos, y viven como verdaderos avaros la relación con lo que consideran sus posesiones materiales o humanas. Sin olvidar las matanzas de género que se siguen reproduciendo en nuestros días, y que aún alcanzan límites alucinantes en Sudamérica, en los países de la antigua Rusia, y no digamos nada en algunas repúblicas o monarquías árabes. Los malos tratos, las violaciones, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, son el pan de cada día en las tres cuartas partes del mundo.

Y muchos de estos problemas derivan de que nos hemos polarizado demasiado en uno u otro de los papeles masculino o femenino, llegando a un punto de falta de comunicación que ya no sabemos leer los códigos que emite nuestra pareja, hasta tal punto que se malinterpreta cualquier gesto y se penaliza cualquier palabra. Hay quien dice que para lograr el equilibrio de la balanza los hombres tienen que tender a la feminidad (más sensibles y emotivos) y las mujeres desarrollar las cualidades masculinas de autonomía y fuerza personal, pero la realidad nos enseña que estas cosas pasan por falta de estructura masculina y de ejemplos vivos para el hombre y la ausencia de verdadero amor en las mujeres. Hay ternura en la verdadera masculinidad y poder interno en lo que es esencialmente femenino.
Nos relajamos sentados, sintiendo el pecho abierto y el palpitar del corazón unido al pulso de la Tierra. Inundamos el hemisferio derecho silencioso del cerebro con luz rosada, que se expande por la parte izquierda y femenina del cuerpo, activando todos sus potenciales. Luego vamos hacia el hemisferio izquierdo racional que se encarga del lado derecho masculino, con una luz azul que activa armoniosamente estas zonas. Equilibra tú mismo la intensidad de una y otra energía según prevalezca en ti el pecho femenino o el vientre masculino, así serás capaz de sentir una mayor plenitud y felicidad. Poco a poco te acercarás a las frecuencias del alma que está fuera de toda polaridad, y es completa y perfecta en sí misma.

6- Lo masculino sagrado:
Los antiguos sumerios, hace más de cinco mil años, ya afirmaban que lo femenino es la fuente de toda manifestación. Y así decían que en el principio sobre un mar primordial reinaba la diosa sumeria Nammu. El sol como siendo masculino (contiene el 90% de la energía de nuestro universo y lo mantiene unido) y la Tierra femenina (la Luna, lo femenino de la Tierra). En la pareja cuando cada uno rechaza su papel natural y se intercambian las polaridades se producen situaciones muy extrañas y conflictivas. También, como en las constelaciones familiares, cualquier guerra a gran escala arrasa con la sagrada energía masculina, como sucedió a todo lo ancho de Europa hace más de sesenta años, incluyendo las violaciones y abusos que esto implica contra lo femenino. La unidad familiar, el crecimiento creativo y amoroso de los hijos, el respeto mutuo depende de esa energía masculina y, aunque siempre hay roces entre los polos masculino y femenino, todo eso se ha incrementado mucho a lo largo de la primera mitad del siglo veinte, hasta el punto de que hoy abundan mujeres ejerciendo un papel masculino. No podemos postergar más tiempo el que los hombres aprendan lo que es ser hombres, y descubran que al margen de la agresividad machista existen la fuerza, el poder y el sentimiento amoroso en su naturaleza original.

Hay momentos para que surja la fuerza y aparezca la firmeza propia del hombre, y otros momentos en que lo esencial es la suavidad y la gentileza. Nunca una cólera desbordada, sino la sensata decisión de un maestro de artes marciales que se sabe letal y que asume su integridad sin darle poder a nadie externo para alterarla. La cólera debe estar bajo el dominio del corazón y desde allí hay que relacionarse con los demás, dando toques de atención para que los jóvenes abandonen su pataleta de adolescentes mal criados. Y como cada vez hay más ausencia de padre en la vida familiar de algunos jóvenes, éstos ni siquiera conocen lo que significa ser hombre. Ya ni siquiera existe el papel del mentor que antaño, desde tiempos de la Edad Media, los padres elegían con cuidado para que ayudara a la maduración de su hijo, enseñándole un oficio, transmitiéndole las normas éticas de los caballeros o comerciantes, y sustituyendo en todos los aspectos al propio padre al que siempre era más difícil obedecer sin rebeldía.

Pero aún existen tradiciones en las que los hombres sabios se encargan de la educación de los hijos más sobresaliente de las familias nobles. Son hombres que conocen el amor sagrado y la relación armoniosa con lo femenino, que han buceado en los entresijos de las fantasías masculinas y conocen perfectamente sus debilidades así como las consecuencias futuras de algunas actitudes desequilibradas. Saben que se trata de caminar juntos unidos de las manos y multiplicando la fuerza de cada uno por diez, mirarse a los ojos y amarse, compartir los sueños y realizar cada uno su destino, mientras el corazón comparte con la pareja su dicha. A veces habrá que aceptar valientemente el dolor y la pena, pero no hay que proyectarla sobre la pareja, de esta manera las relaciones se convierten en un camino del despertar de la conciencia.

Al principio lo que hay es tan sólo el reflejo de lo que nuestros padres dejaron en nosotros, y sus fallos se han convertido en los nuestros hasta que en la línea de las generaciones alguien del linaje de sangre acabe por resolverlas para siempre. Antes o después, retornando ambos voluntariamente el purgatorio de la infancia, las energías masculinas y femeninas tendrán que fusionarse y unificarse. El hombre debe encontrar en su interior lo masculino sagrado, su naturaleza original o la verdad del ser, e ir creciendo en ella con la edad. Cuanta más se une a su energía masculina sagrada, mayor poder de realización siente y más grande es su capacidad de amar. Cada día más fuerte y también más sensible, más tierno y amable. En el camino necesita del apoyo de la mujer amada para recuperar su masculinidad sagrada, tan destruida en las generaciones europeas anteriores por las dos guerras mundiales del siglo veinte.

7- El verdadero huérfano de padres e hijo del espíritu:
Cuando finalmente se recapitula totalmente la relación emocional con nuestros padres y se devuelve toda la energía que nos prestaron, con la que nos hicieron dependientes psíquicos, además de recoger la que nosotros les entregamos en cada bronca, la presencia omnipresente hasta el momento de los padres comienza a diluirse. El niño interno en el corazón (mamá abajo en los tres chakras de la Shakti y papá arriba en los tres chakras de Shiva) pasa su adolescencia y madura, crece en integridad y es capaz de afrontar todo tipo de desafíos en la vida cotidiana. Se ha convertido en padre y madre de sí mismo y así puede afrontar el encuentro con su llama gemela, viviendo experiencias de alegría y éxtasis, sin caer como contrapartida en la desesperación posesiva del adolescente ultrajado. Y al liberar progresivamente las angustias, los celos, la ansiedad, poco a poco vamos desarrollando una mayor integridad y sentiremos con más facilidad la plenitud de lo divino padre/madre, que es la unión armoniosa de lo masculino y femenino en nuestra vida.

Lo femenino descubre el orden (y no el caos de las emociones desbordadas o el fluir espontáneo de la crítica o el marujeo). La mujer encuentra la alegría en lo femenino y el hombre en lo masculino, pero el hombre equilibrado que de manera natural honra a lo femenino sólo puede hacerlo cuando la mujer ha hecho el esfuerzo consciente de entrar en un cierto orden emocional, ya que ésta es la condición básica para que pueda relacionarse con lo masculino. Ha de abandonar la feminidad de la joven adolescente para alcanzar la feminidad adulta.

Por su lado el hombre también tiene que alcanzar el orden en su aspecto femenino, dejando de lado esa energía de joven ligón, buscando sólo la autosatisfacción de la conquista y el polvo fácil, esa energía de locura en la que no dando nada quiere recibirlo todo. Porque entonces la mujer madura tampoco querrá ser manipulada de esa manera. Por otro lado la parte femenina tiende a abusar de lo que se le ofrece y a apropiarse de todo, de manera salvaje y por propio derecho, siendo necesario no tomar nunca más de lo necesario en este momento, como hace todo el mundo animal.

8- Las bodas divinas y el perdón:
Lo que buscamos es establecer las bodas divinas entre lo masculino y lo femenino en nuestro interior, para así poder realizarlas fuera con el amor de la pareja adecuada. Este matrimonio nos convierte en uno, como si fuéramos dioses, porque es una conquista de la segunda atención, capaz de hacer descender el cielo a la tierra, es decir capaz de hacernos ascender a los planos de la conciencia sutil. Para eso hay que completar el proceso de limpieza corporal (en las articulaciones, órganos, músculos), dejando que el dolor se manifieste y transmutándolo, quemando el rencor y el miedo acumulado por el niño interno desde sus primeros años de vida.

Las energías masculinas y femeninas están preparadas para unificarse, saben combinarse a la perfección para producir amor y libertad, y con ellas la alegría, la abundancia y el éxtasis capaces de sanar cualquier alteración corporal o mental. Y esta relación seguirá creciendo, aumentando sin límite hasta transformar totalmente la conciencia del sueño y los estados amorosos de silencio mental.

Cuando establecemos una relación de pareja, se establece un lazo de unión, se enciende un filamento, entre el sacro del hombre y el sacro de la mujer. Es un acuerdo de la energía femenina de la diosa, sea para alimentarse, para amarse o para establecer acuerdos. Ahí se activa la primera etapa de la energía femenina que va del sacro al corazón, y la primera etapa de la energía masculina que actúa sobre el plexo solar. Allí la energía masculina ha de pasar por el corazón y la garganta antes de que pueda seguir ascendiendo, y la verdad es que todo lo que tenemos pendiente se bloquea al nivel de la garganta, y si no es capaz de atravesar la barrera del amor impersonal vuelve de retorno al sacro para comenzar de nuevo su ascenso, abriendo en el sacro la puerta del perdón. El poder de lo masculino y la sabiduría de lo femenino se unen a través del amor, que transfiere esta energía al corazón. Entonces todo lo bloqueado con papá y con mamá sube a la superficie y lo recapitulamos y perdonamos, o vuelve de nuevo al sacro en un círculo inacabable. Todo lo que tememos, lo que nunca nos atrevimos a realizar, los anhelos inconclusos, los fracasos no digeridos… se estancan en el centro sacro, que es el primer escalón del proceso creativo, al que todo vuelve para poder recomenzar de nuevo.

En los próximos años el sacro, el centro base y los aspectos densos del plexo solar y el tercer chakra se fundirán en uno. La parte positiva del centro solar se fundirá con el corazón. La garganta seguirá siendo el principal desafío para liberar el centro base donde se guardan las raíces de todos los miedos, ya que sólo la voluntad del quinto chakra puede afrontar exitosamente este obstáculo. Lo que un día soñamos y deseamos hacer y nunca cumplimos es lo bloquea el centro sacro e impide actualmente nuestra libre creatividad, y la paz con uno mismo. En este centro se alimenta inconscientemente todo lo que somos, y es aquí donde se enciende el fuego de la diosa desde el centro base y la luz de la kundalini. Y todos los problemas que puede acarrear este poderoso despertar derivan de la falta de preparación del centro sacro, con lo que el despertar espontáneo de la kundalini hacia el plexo solar despierta una sexualidad desbordante y enfermiza, activando el desprecio de la diosa a través del poder adictivo del ego. El que pasa por esta experiencia y no abraza su propia oscuridad se ve dominado por ella, y empujado hacia una especie de purgatorio obsesivo y degradante. No hay expresión de su sensualidad y la fuerza bruta de la sexualidad sin corazón toma las riendas de estos descarriados que son dirigidos por sus propias fuerzas oscuras sin resolver.

Casi todas las enfermedades del cuerpo humano tienen su origen en el chakra base, y sólo a través de la sanación del desbordante activismo masculino la energía de la diosa puede despertar. Cuando ambas energías masculina y femenina se fundan la sanación definitiva llega al cuerpo y a la mente. Sin la bendición de la diosa, sin el amor fluido no entraremos en la sexta dimensión, y este amor es imparable, puede con todo, pero sólo se logra cuando hemos disuelto la importancia personal y la arrogancia interna del lado masculino. Es la sanación del yo a través del amor del corazón.

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